La dieta del Dr. Dukan

 

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La paz de Augsburgo

 

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El elector de Sajonia había concertado una secreta alianza con Francia y se preparaba para dar un golpe de estado. Su plan consistía en sorprender al emperador en Innsbruck y apoderarse de su persona. Carlos V pudo escapar en el último momento, pero no estando en situación de luchar al mismo tiempo con los turcos, con Francia y con los príncipes protestantes, concertó con estos últimos una especie de armisticio, el tratado de Passau de 1552. El resto lo dejó, cansado ya del gobierno, a su hermano Fernando, a quien ya en 1531 había hecho elegir como rey de Alemania. Fernando en 1555 concluyó en Augsburgo la paz definitiva con los protestantes sobre las bases siguientes:

1.° A la nueva religión surgida con arreglo a la Confessio Augustana de 1530, se le reconoce en el Imperio la igualdad de derechos con la católica.

2.° Qué religión debe prevalecer en cada territorio, lo decidirán los príncipes, no los súbditos, los cuales empero podrán emigrar, si no quieren amoldarse a la fe de su príncipe.

3.° Los príncipes espirituales (obispos, abades) que quieran abrazar la nueva religión, podrán hacerlo a título personal, pero perderán su territorio, puesto que no lo poseen por herencia.

De este modo se restableció la paz en Alemania, al menos exteriormente. El principio de que el señor pueda decidir la fe de sus súbditos, hoy nos parece todo lo contrario de justo, pero sirvió al menos para delimitar las fronteras de la apostasía.

Desde aquel momento Alemania quedó dividida en un gran número de territorios, grandes, medianos y pequeños, pertenecientes a distintas religiones. Pues que se trataba de dos distintas religiones, ya nadie podía dudarlo. Los protestantes rechazaban la autoridad del papa y de los concilios, el magisterio eclesiástico, la ordenación de obispos y sacerdotes, el sacrificio de la misa, el culto a la Madre de Dios y a los santos, la doctrina de la justificación por los sacramentos y las buenas obras, el sacramento de la penitencia, la inspiración de ciertas partes de la Biblia y muchas otras doctrinas, de modo que del catecismo católico no quedaba apenas más que la fe en la Trinidad y en la divinidad de Cristo. No pertenecían ya a la Iglesia católica ni querían pertenecer a ella.



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