España en el siglo XVI
A principios del siglo XVI la población española debía ser de unos diez millones de almas, y parece que siguió aumentando durante un tiempo a despecho de la emigración a América, aunque la cifra de diecisiete millones que últimamente se ha dado para fines del siglo XVI es probablemente exagerada. La floración religiosa, iniciada bajo el gobierno de Fernando e Isabel, persistió todavía durante todo el siglo XVI.
La teología española ocupó el lugar que en la Edad Media había tenido París. Fueron sobre todo los dominicos los que destacaron en este campo: Francisco de Vitoria († 1546) y su discípulo Melchor Cano († 1560), el fundador de aquella rama de la ciencia teológica que hoy llamamos teología fundamental; Domingo de Soto († 1560); Bartolomé de Medina († 1581), fundador del sistema probabilista en la moral; finalmente el pugnaz Domingo Báñez († 1604). Hacia fines del siglo los jesuitas pudieron presentar también importantes figuras: el discutido Luis Molina († 1600), el agudo Gabriel Vázquez († 1604) y el más famoso de todos, Francisco Suárez († 1617). Entre los escritores ascéticos hay que nombrar el dominico Luis de Granada († 1588) y el jesuita Alfonso Rodríguez († 1616).
Mas ante todo España era en aquel tiempo una tierra de santos. Estrellas de primera magnitud son, además de san Ignacio de Loyola († 1556) y san Francisco Javier († 1552), los dos reformadores de la orden carmelita, santa Teresa de Jesús († 1582) y el doctor de la Iglesia san Juan de la Cruz (†1591). Junto a ellos se alinean los franciscanos san Pedro de Alcántara († 1562) y san Pascual Bailón († 1592), el agustino santo Tomás de Villanueva († 1555, siendo arzobispo de Valencia), san Francisco de Borja, duque de Gandía antes de su ingreso en la Compañía de Jesús († 1572), el beato Juan de Ávila, apóstol de Andalucía († 1569).