Marcelo II (1555)
A la muerte de Julio III los cardenales del partido rigurosamente eclesiástico estaban firmemente decididos a no tolerar componenda alguna. El elegido había de ser el mejor. El cardenal Pole, que había ya estado a punto de ser papa en el conclave anterior, quedaba descartado porque residía en Inglaterra como legado. Quedaban, como los mejores, Carafa y Cervini.
Pero Carafa era tan temido, que todos se inclinaron por Cervini, y el propio Carafa empeñó toda su autoridad en favor de su colega mucho más joven. Así éste fue elegido en un conclave muy breve, y adoptó el nombre de Marcelo II. La reforma parecía finalmente un hecho, cuando a las tres semanas murió el nuevo papa. La impresión fue abrumadora. Seripando opinó que Dios había querido dar a entender que la salvación de la Iglesia no podía obtenerse con medios humanos.