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Sixto V (1585-1590)

 

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A la muerte de Gregorio XIII fue elegido papa un hombre de talla muy fuera de lo común, el franciscano Félix, llamado Montalto por su patria, o Peretti por el nombre de su padre. De origen muy humilde, había recibido la púrpura cardenalicia de manos de Pío V. Alrededor de la figura de Sixto V se ha tejido toda una guirnalda de leyendas, motivadas, entre otras cosas, por su rigor en la represión del bandolerismo.

Contra esta plaga que infestaba no sólo los Estados de la Iglesia, sino también el reino de Nápoles y otros territorios, procedió con tanta habilidad como firmeza; no consiguió, sin embargo, extirparla. Forma parte de estas leyendas la afirmación de que hizo talar los bosques de la campiña romana para privar a los bandidos de sus refugios, con lo que acarreó al país daños peores que los que pretendía sanar. Auténticos bosques no los había en la campiña ya desde la antigüedad.

Nada tiene, en cambio, de legendaria la gran actividad constructora de Sixto V. Durante su pontificado se terminó la gran cúpula de San Pedro, se edificó la parte del Vaticano que hoy habitan los papas, y además el nuevo palacio de Letrán. Pero aún más que con sus nuevas edificaciones, cambió Sixto V la fisonomía de la ciudad de Roma gracias a las conducciones de agua que hicieron habitables los nuevos barrios urbanos, y por el grandioso trazado de calles hecho según los principios urbanísticos de la incipiente edad barroca.

No es exagerado decir que fue Sixto V quien dio a la ciudad gran parte de ese carácter monumental que no han podido borrar del todo las innumerables deformaciones que ha sufrido en las épocas posteriores. En todas estas empresas Sixto V obedecía a la misma idea de índole pastoral que había también guiado la conducta de Nicolás V y Julio II, a saber, que siendo la capital de la cristiandad un punto de concentración de peregrinos procedentes de todas las partes del mundo, convenía que incluso en lo exterior dejara en sus visitantes una impresión de dignidad y de grandeza.

Para el gobierno de la Iglesia, el pontificado de Sixto V es importante por haber llevado a término la organización de las congregaciones de cardenales. Además de las seis dedicadas a la administración del Estado Pontificio, se crearon nueve para el gobierno de la Iglesia, tres de las cuales fueron creación de este papa: la congregación del consistorio (nombramientos de obispos), la de los regulares (órdenes religiosas) y la de ritos (culto y canonizaciones).

Gracias a las congregaciones de cardenales, que corresponden a los ministerios de los estados seculares, la administración se hizo más rápida y unitaria. Cada materia iba a parar a manos de especialistas. Fue también Sixto V quien para lo sucesivo fijó en setenta el número de cardenales.


 

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