¿Cómo hacer un curriculum vitae?
Búsqueda personalizada

 

Oraciones Temas

La conquista política de América

 

linea

Cuatro grandes potencias europeas han intervenido, en el curso del tiempo, en la conquista de América, estampando su sello en este continente: España, Portugal, Francia e Inglaterra.
Además de éstas, durante un tiempo intentaron también tomar parte en la empresa, Suecia, Dinamarca y Holanda. Suecia y Dinamarca nunca consiguieron posesiones de importancia en el suelo americano y pronto desaparecieron de la escena. Holanda a mediados del siglo XVII estuvo a punto de fundar un imperio colonial, pero sus posesiones estaban demasiado dispersas y distantes entre sí. A la larga no pudieron conservar ni Nueva Amsterdam, la actual Nueva York, ni Pernambuco, que habían arrebatado a los portugueses, y al final sólo les quedó un pequeño resto en las Antillas y en la Guayana.

Portugal pudo disfrutar sin inquietudes de la posesión del Brasil, aparte del breve dominio holandés en Pernambuco (1630-1654). Los portugueses no intentaron extender sus posesiones americanas; por otra parte estaban libres de disputas fronterizas, ya que entre sus dominios y las colonias españolas, que eran su único vecino, se interponía una ancha tierra de nadie. Sólo en el sur, en la región del Plata, chocaron los dos imperios coloniales en el siglo XVIII, lo que obligó a fijar las fronteras por medio de tratados. Así, pues, la lucha por la posesión del continente americano se desarrolló sólo entre España, Francia e Inglaterra. Durante largo tiempo pudo parecer dudoso cuál de los tres países se quedaría con la soberanía definitiva; pero al final no la obtuvo ninguno de los tres.

España llevaba una gran ventaja sobre sus dos adversarios, por haber sido la primera en poner pie en el Nuevo Mundo. Desde el principio nadie le discutió sus derechos sobre Méjico y los países andinos hasta el río de la Plata. Pero luego extendió también su dominio hacia el continente septentrional, más allá del actual Méjico, hasta Texas y California, y ya muy pronto hasta Florida. En esta parte era de prever que con el tiempo entrara en conflicto con la potencia que adquiriera la hegemonía en Norteamérica, fuera ésta Francia o Inglaterra.

Hasta un siglo después que los españoles, no empezaron Inglaterra y Francia a establecer posesiones en el Nuevo Mundo. En su origen se trataba sólo de empresas comerciales, iniciadas casi simultáneamente en tres distintos puntos: en Quebec por los franceses, y en Boston y Virginia-Maryland por los ingleses. No faltaron los rozamientos, ya desde el principio, sobre todo en la desembocadura del San Lorenzo, donde los dominios francés e inglés entraban en contacto.

Los conflictos se agravaron al intentar los ingleses poner pie en el territorio extendido al norte de las posesiones rivales, en dirección a la bahía de Hudson. La compañía inglesa de la bahía de Hudson había sido fundada por el príncipe Roberto del Palatinado, el aventurero hijo de Federico V del Palatinado. La tensión se hizo insostenible cuando los franceses avanzaron profundamente hacia el interior, en la región de los Grandes Lagos, alcanzaron en 1673 el Misisipí y, descendiendo por él hasta el Golfo de Méjico, fundaron en su desembocadura la ciudad de Nueva Orleáns.

Esto significaba envolver por la espalda a las colonias inglesas, y en el efecto, partiendo del curso medio del Misisipí y remontando el Ohio, los franceses empezaron a avanzar hacia el este. Allí, en curso superior del Ohio, se desarrolló la lucha decisiva, sin que ninguno de los dos contendientes sospechara que bajo el suelo que pisaban se ocultaban los inagotables yacimientos carboníferos sobre los que un día habría de montarse la industria pesada norteamericana.

La gran guerra colonial franco-británica duró de 1754 hasta 1760, año en que el ejército francés capituló en Montreal. En la paz de París de 1763 Francia cedió a Inglaterra todo el Canadá y el territorio al este del Misisipí. El resto de las colonias francesas, todas las tierras situadas a occidente del Misisipí, una extensión inmensa, pero apenas poblada y casi inexplorada, había perdido todo interés para Francia y fueron cedidas voluntariamente a los españoles que tomaron posesión de ellas en 1769.

En el continente americano no quedaban, pues, más que dos potencias, Inglaterra y España, de las cuales ésta poseía la parte más extensa y aquélla la más valiosa. Pero antes de que pudiera estallar un conflicto entre ellas, las colonias se hicieron independientes, primero las inglesas y luego las españolas, y América dejó de ser un territorio europeo.

Volver al índice