La dieta del Dr. Dukan

 

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Norteamérica

 

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En comparación con las colonias españolas, donde ya en el siglo XVI hallamos una población católica de varios millones provista de una organización pastoral al estilo europeo, los comienzos de la Iglesia en Norteamérica fueron de lo más modesto.

Canadá
En el Canadá francés, que una inmigración casi totalmente católica parecía haber de convertir en un país fiel a la Iglesia de Roma, lo que faltaron no fueron sacerdotes ni misioneros, sino hombres. Hacia mediados del siglo XVII el número de colonos no llegaba a cuatro mil. Las tribus de indios eran pequeñas, por mucho que dieran que hacer a los colonos. Se calcula que los famosos hurones eran, en 1639, unos doce mil, distribuidos en treinta y dos poblados, entonces aún casi todos paganos.

Los primeros jesuitas llegaron al Canadá en 1611; poco después llegó también un gran número de franciscanos, en 1630 capuchinos, en 1640 sulpicianos. Quebec, fundado en 1608, recibió en 1658 un vicario apostólico, y fue erigido en obispado en 1674. Hasta fines del siglo XVIII fue el único obispado de Norteamérica.

En 1639 llegaron de la ciudad francesa de Tours un grupo de ursulinas dirigidas por la venerable María de la Encarnación. Esta notable mujer, una de las grandes místicas de la Edad Moderna, merece un lugar de honor entre los pioneros de la evangelización del Nuevo Mundo.

No menos famosos son los misioneros jesuitas Juan de Brébeuf, Isaac Jogues, Gabriel Lalemant y otros, que entre 1646 y 1649 perdieron la vida por su fe y fueron canonizados en 1930. Se les conoce con el nombre de mártires del Canadá, aunque el escenario de su labor pertenece hoy en su mayor parte al territorio estadounidense. Sin embargo, dada la escasa densidad de la población indígena, el número de indios convertidos por estos y otros evangelizadores fue más bien escaso.

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