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Pío VII

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El nuevo papa, Pío VII, benedictino, fue consagrado en 1800 en Venecia, bajo la protección austriaca. Raras veces habrá empezado un pontificado bajo peores auspicios. El papa lo había perdido todo: estaba sin dinero, lejos de Roma, sin apenas contacto con las Iglesias. Tenía, empero, un secretario de estado de capacidad poco común: Hércules Consalvi. Al principio pareció brillar una esperanza: Napoleón I, primer cónsul desde 1799, demostraba interés por un concordato.

Éste se firmó, efectivamente, en 1801, en condiciones harto extraordinarias. Francia recibía una nueva organización eclesiástica, con sesenta diócesis. Todos los obispos existentes en aquel momento debían deponer sus cargos, aunque algunos de ellos podían volver a ser nombrados. El cónsul obtenía el derecho de nombramiento que antes habían tenido los reyes.

La Iglesia renunciaba a los bienes secularizados en 1789, y el Estado se encargaba de dotar al clero. Una serie de puntos que el papa no concedió ni podía conceder, fueron unilateralmente unidos al concordato por Napoleón con el nombre de «artículos orgánicos»: en ellos se disponía, entre otras cosas, el placet del gobierno para todos los decretos eclesiásticos, la obligación de defender en los seminarios superiores los artículos galicanos de 1682, la apelación a un tribunal civil contra las sentencias de los tribunales eclesiásticos.

Un concordato análogo que en 1803 fue convenido con la República italiana, fue también desvirtuado por estos arbitrarios aditamentos. El papa protestó, pero consintió en trasladarse a París en 1804 para la coronación del emperador, en la cual Napoleón tenía un gran interés, para dar a su régimen una apariencia al menos de legitimidad.

Pero en cuanto dejó de serle útil la colaboración del papa, procedió sin ningún género de consideraciones. En 1806 le obligó a despedir a Consalvi. En febrero de 1806 Roma volvió a ser ocupada por las tropas francesas, y en mayo de 1809 la ciudad y el Estado Pontificio fueron incorporados al Imperio francés. Pío VII contestó excomulgando a Napoleón. Éste le hizo prender en el Quirinal para conducirlo a Savona, mientras los cardenales eran llevados a París.

En Savona Pío VII fue tratado como un prisionero. Durante la campaña de Rusia fue internado en Fontainebleau, junto a París. Allí Napoleón, después de su regreso de Rusia, negoció en enero de 1813 un nuevo concordato que equivalía a una renuncia a los Estados Pontificios. Pío VII, privado de todos sus consejeros, coaccionado por Napoleón del modo más desconsiderado, accedió a firmarlo.

Pero cuando pudo hablar con los cardenales, comprendió que había ido demasiado lejos y retiró su asentimiento. Napoleón lo hizo volver a llevar a Savona. En marzo de 1814, cuando los aliados se aproximaban ya a París, fue puesto en libertad y pudo finalmente regresar a Roma.

 

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