Asociaciones
Las asociaciones religiosas tienen un origen muy antiguo, como que se remontan a las órdenes terceras del siglo XIII y a las hermandades de los últimos tiempos medievales. Pero la forma que actualmente presentan, no la recibieron hasta el siglo pasado. El ingente aumento demográfico y la correspondiente multiplicación de las tareas pastorales, de una parte, y la expoliación de la Iglesia por efecto de las secularizaciones, de otra, trajeron consigo la necesidad de agenciarse recursos pecuniarios por medio de colectas privadas. Así es como surgieron las innumerables asociaciones para sostener todas las ramas de la cura de almas, y en primer término la de las misiones.
La asociación misional de Lyon, fundada en 1822 por Paulina Jaricot, constituyó durante todo el siglo XIX la base económica de las misiones. Desde 1922 su organismo directivo radica en Roma. Se le adhirieron luego la asociación de San Francisco Xavier (Aquisgrán, 1841), la de la Infancia de Jesús, fundada en París en 1843, muy difundida más tarde entre los niños alemanes, la asociación misionera de mujeres y doncellas alemanas (1893), la asociación de San Pedro Claver, para las misiones del África (1894) y una gran cantidad de sociedades en todos los países que con sus aportaciones sostienen sus propias misiones o instituciones misionales. La recaudación total de limosnas para las misiones, compuesta en general de aportaciones individuales muy pequeñas, fue calculada en 1913 entre dieciséis y veinte millones de marcos.
Asociaciones destinadas a recaudar fondos para fines especiales fueron en Alemania la asociación de San Carlos Borromeo, fundada en Bonn en 1845 para la difusión de la buena prensa, la asociación de San Bonifacio (Paderborn, 1849), para la cura de almas en la diáspora, la de San Rafael, para emigrantes (1871), la asociación Görres, para el fomento de la ciencia católica y apoyo a los científicos católicos (1876).
Naturalmente que tales sociedades no se limitan a ser empresas financieras, sino que al propio tiempo fomentan en sus miembros el interés por las grandes tareas de la Iglesia y les da ocasión de poner en práctica sus convicciones cristianas. Tal es el caso, de un modo especial, de las numerosas asociaciones benéficas, en las que la colaboración de los miembros es más importante que sus aportaciones monetarias. Ejemplares son, en este sentido, las Conferencias de san Vicente de Paúl, fundadas en.
París por Federico Ozanam en 1833, y difundidas luego por todo el orbe católico. Las asociaciones e institutos benéficos constituyeron las más de las veces ligas o federaciones diocesanas. Para toda Alemania se creó el Caritasverband, con sede en Friburgo (Lorenz Werthmann, 1897). La Iglesia defiende su derecho a ejercer la beneficencia incluso contra la tendencia del Estado moderno a absorber todas las actividades asistenciales. Pero la Iglesia ejercita la caridad porque es esencial al cristianismo la práctica del amor al prójimo, no por fines de propaganda y mucho menos por temor a perder adeptos o para evitar movimientos subversivos.
Los congresos católicos que anualmente se celebran en Alemania, se remontan a una asociación fundada en 1848 por Franz Adam Lenning en Maguncia. Tales congresos, que han sido imitados en muchos países, han contribuido en gran manera a fortalecer entre los fieles los sentimientos de comunidad y solidaridad.
Las primeras asociaciones de estudiantes católicos nacieron en Alemania en las universidades de Bonn (Bavaria, 1844), Breslau (Winfridia, 1849) y Munich (Renania, 1851). Las tres grandes federaciones (CV, KV y UV) en 1913 reunían ciento cincuenta y dos asociaciones con seis mil novecientos cinco estudiantes. Prescindiendo de algunas facetas menos luminosas, estas asociaciones sirvieron para contrarrestar la atmósfera generalmente incrédula que prevalecía en las escuelas superiores, reforzando el sentimiento católico del honor, que a menudo tanto deja que desear entre las clases intelectuales. Una prueba de la importancia que consiguieron, es que fueron imitadas con éxito en muchos países no alemanes.
Para la cristianización de la clase obrera fueron muy eficaces las asociaciones de trabajadores fundadas en 1849 por el clérigo de Colonia Adolf Kolping. En el año 1905 agrupaban setenta y dos mil obreros y mantenían más de trescientos cuarenta y siete albergues.
Cada país tiene sus asociaciones y sus tipos propios de organización. En Norteamérica en cada parroquia hay la Holy Name Society para varones. Las mujeres pertenecen a la Sodality of our Lady o a la Congregation of Mary, la juventud estudiante a la congregación (Sodality) mariana o a la Students Mission Crusade. Una organización muy eficaz es la de los caballeros de Colón (KC), imitada de las logias masónicas, incluso con sus ceremonias secretas y ritos de iniciación, aunque por lo demás no teme la publicidad, ni mucho menos.
Organizaciones especiales son, entre otras, la National Catholic Rural Life, extendida sobre todo en el Middle-west, para apoyar la labor pastoral en el campo, que resulta muy difícil en Estados Unidos; las Labour Schools, escuelas nocturnas para trabajadores, los Catholic Workers Groups. Las escuelas, especialmente en los grandes Colleges y universidades católicas, disponen casi todas ellas de su propia organización de supporters. El norteamericano siente menos que el alemán la necesidad de agrupar todas las organizaciones en secretariados generales y organismos superiores. Existe, sin embargo, en Washington la National Catholic Welfare Conference (NCWC) para atender a los asuntos generales de organización.
En Francia abundan mucho las asociaciones católicas (oeuvres), aparte de que algunas de las organizaciones extendidas hoy por todo el mundo, como las conferencias de san Vicente de Paúl y las grandes asociaciones misionales, tuvieron su origen en Francia.