La evolución política en los diversos países
Francia
Después de la restauración de la monarquía borbónica en 1814, la política interior de Francia estuvo al principio dominada por la reacción contra los anteriores tiempos de revolución y de guerra. El tratado de 1822 renovó en lo esencial el concordato de 1801. Pero ya en el reinado de Carlos X (1824-1830) apareció en la cámara una mayoría liberal que, entre otras cosas, impuso la expulsión de los jesuitas. Desde la revolución de julio de 1830, el catolicismo no fue reconocido como religión oficial, sino como religión de la mayoría de los franceses. Sin embargo, el poderoso movimiento católico que entre tanto se había hecho sentir en el país, surtió también sus efectos en la política. En una tenaz lucha en pro de la libertad de enseñanza, los católicos, bajo la dirección de Montalembert, obtuvieron importantes éxitos. La completa libertad de enseñanza fue concedida en 1850. El segundo Imperio, bajo Napoleón III, daba extraordinariamente la impresión de ser para la Iglesia un período de esplendor, gracias sobre todo a la influencia de la emperatriz Eugenia, que era sinceramente religiosa. El emperador, en cambio, era personalmente indiferente; en la cuestión romana, que entonces conmovía a todos los católicos, su actitud era muy singular, pues si de un lado protegía al papa, por otro fomentaba con todos los medios a su alcance el movimiento nacional italiano, dirigido contra el papado. Por debajo de la superficie, el anticlericalismo iba adquiriendo proporciones amenazadoras bajó el régimen de Napoleón, y después de la caída de éste en 1870 informó la política de los gobiernos siguientes. Gambetta, al que se celebraba como a un héroe nacional, pronunció en 1877 la famosa consigna: «El clericalismo, he ahí el enemigo». En el año 1880 fueron clausurados todos los establecimientos de enseñanza de los jesuitas; en 1881 se implantó la escuela laica, en 1882 se permitió legalmente el divorcio y en 1886 la enseñanza religiosa fue suprimida. Las leyes antirreligiosas fueron acumulándose desde 1900, hasta que en 1904 se suprimieron todas las órdenes religiosas de enseñanza, masculinas y femeninas, lo que supuso la clausura de catorce mil escuelas católicas. Aquel mismo año se rompieron las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. La llamada separación de la Iglesia y el Estado fue consumada por las medidas adoptadas en 1905, en virtud de las cuales el Estado, aunque se apropió de todos los bienes eclesiásticos, suspendió todos los subsidios destinados a atender a las necesidades del clero y de las instituciones religiosas. Poco provecho pudo sacar el Estado de la secularización de los bienes de la Iglesia. La esperada lluvia de millones no se produjo, pues los monasterios eran mucho menos ricos de lo que se creía, y los beneficios de la liquidación desaparecieron, en su mayor parte, entre las manos de los funcionarios. De todos modos, aunque los católicos, por causa de sus discrepancias políticas, no estaban en situación de impedir en el parlamento la promulgación de las leyes antirreligiosas, su influencia sobre la opinión pública era demasiado grande para que el gobierno pudiera mantener durante mucho tiempo una actitud tan radical. Subsistió, sin embargo, la inseguridad jurídica en que se hallaba la Iglesia.
Países Bajos
En Holanda el calvinismo había dejado de ser religión oficial desde 1798. La unión con Bélgica (1815-1830) tuvo incluso por consecuencia que en el país hubiera una mayoría católica. Pero el concordato de 1827 no fue llevado a la práctica, y en 1830 volvió a separarse Bélgica. Con esto los católicos volvieron a quedar en minoría, pero se mantenían unidos, y el gobierno se portó en general con serenidad y benevolencia. En 1853 se organizó la jerarquía católica, con un arzobispo y cuatro obispos. Bien organizados y sin nada que trabara su actividad, los católicos pudieron apuntarse considerables éxitos en su labor pastoral y sobre todo en la enseñanza.
Bélgica
La constitución de 1830 era favorable a la Iglesia: dejaba al papa las manos libres para el nombramiento de los obispos, y concedía completa libertad de enseñanza y coalición. Aunque también aquí hubo parlamentos y ministerios con mayoría liberal que en 1879 consiguieron introducir una ley de enseñanza de inspiración laica, los católicos reconquistaron la mayoría en 1884, y desde 1895 se declaró obligatoria la enseñanza de la religión en las escuelas públicas.