La dieta del Dr. Dukan

 

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La teología

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Al margen de estos descarríos, que en el fondo sólo provocaban una excitación transitoria, la auténtica investigación teológica siguió avanzando por su camino propio. Donde mejores resultados se lograron fue en los campos de la historia eclesiástica, de la patrística y de la teología histórica. Aquí sí que los alemanes pueden reclamar un puesto de honor.

Junto al desgraciado Döllinger aparecen nombres que son familiares a los historiadores de todos los países: Johann Adam Möhler († 1838), Josef Hergenröther († 1890 siendo cardenal), Karl Josef Hefele († 1893), Franz X. Kraus († 1901), Franz X. Funk († 1907), Johannes Janssen († 1891), Pius Gams OSB († 1892), Heinrich Schrörs († 1928), Ludwig Pastor († 1928), Nikolaus Paulus († 1930), Hartmann Grisar S.I. († 1932), Albert Erhard († 1940), Franz Josef Dölger († 1940), Karl Bihlmeyer.

Destacaron en el estudio de la escolástica Karl Werner († Viena 1888), Heinrich Denifle OP († 1905), Klemens Bäumker († 1924), Franz Ehrle S.I. († 1934 siendo cardenal), Martin Grabmann († 1949). Entre los historiadores franceses descuellan el cardenal Pitra OSB († 1889), Louis Duchesne († 1922), Pierre Batiffol († 1928); entre los belgas el bolandista Hippolyt Delehaye († 1940); en Italia el cardenal Angelo Mai († 1854), Luigi Tosti OSB († 1897 en Monte Cassino), Achille Ratti (†1939, papa Pío XI), Pio Franchi de Cavalieri.

En Roma, los descubrimientos y las insuperables publicaciones del seglar Juan B. de Rossi († 1894) dieron lugar a un gran florecimiento de la arqueología cristiana. Los grandes hallazgos hechos en las catacumbas, como el descubrimiento de la cripta de los papas con los epitafios del siglo III (Ponciano, Fabiano, Cornelio, etc.), vinieron en el momento más oportuno, cuando la moderna manía de la hipercrítica histórica amenazaba con no dejar piedra sobre piedra de la historia del cristianismo primitivo. Gracias a ellos se restableció la confianza en las fuentes escritas.

Los trabajos de De Rossi fueron continuados por Orazio  Marucchi, Josef Wilpert, Anton de Waal, Johannes Peter Kirsch, Paul Styger, Enrico Josi. La ciencia bíblica vio abrirse ante sí un extenso campo: su cometido consistía en elaborar e incorporar los grandes logros de la filología, la crítica textual y la arqueología oriental, y al propio tiempo oponer un dique a los disolventes efectos de la crítica no católica.

También aquí el lugar de honor fue para los investigadores alemanes: Paul Schanz († 1905), Johannes Belser († 1916), los jesuitas Cornely († 1908) y Knabenbauer († 1912), y los miembros del Pontificio Instituto Bíblico, fundado en Roma en 1909, Leopold Fonck († 1930) y Augustin Merck († 1945). En Francia Vigouroux editó el Dictionnaire de la Bible (París 1891). Abrió nuevos rumbos en este campo el dominico francés Lagrange († 1938), fundador del Instituto Bíblico de San Esteban, en Jerusalén.

Los progresos realizados en el campo histórico fueron beneficiosos a la teología especulativa. Las pruebas basadas en la Escritura y la tradición aumentaron no sólo en número sino en fuerza demostrativa. Se hizo más clara la distinción entre lo que es seguro y lo que es hipotético.

Además de los neoescolásticos ya citados, entre los teólogos sistemáticos del siglo XIX destacaron los siguientes: los dogmáticos Mathias Josef Scheeben († 1888), Josef Pohle († 1922), Christian Pesch († 1925), Louis Billot († 1931), los moralistas Antonio Ballerini († 1881), Augustus Lehmkuhl († 1918), Hieronymus Noldin († 1922).

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