Situación política de la iglesia en Alemania
Baviera concertó en 1817 un concordato en el que se fijó la circunscripción de las diócesis que aún hoy está en vigor: la archidiócesis Munich-Frisinga, con los obispados de Augsburgo, Ratisbona y Passau, y la archidiócesis de Bamberg con Würzburg, Eichstätt y Espira. El rey designaba a los obispos, y el papa los instituía canónicamente. Los obispos gozaban de completa libertad en sus relaciones con Roma y poseían el derecho de inspección en asuntos de fe y de moral, incluso sobre las escuelas del Estado. Éste se encarga de dotar a los obispados, capítulos catedralicios y seminarios.
No se dice ya una palabra de los antiguos bienes de la Iglesia secularizados. Sin embargo, este concordato fue inmediatamente completado y, en parte, desvirtuado por un nuevo edicto estatal sobre asuntos religiosos que se promulgó junto con la nueva constitución bávara de 1818. Entre otras cosas se reintroducía el placet real. En lo sucesivo un cierto rasgo de pedantesco cesaro-papismo quedó como característico de la política bávara. Pero la correcta actitud de los monarcas y la irreprochable equidad de sus funcionarios evitaron conflictos de importancia, incluso cuando los liberales ocuparon el poder, como fue a menudo el caso después de 1848.
Con Prusia se llegó en 1821 a una especie de concordato, por cuanto Pío VII publicó una bula y el rey la promulgó como ley del Estado. Por ella se organizaban de nuevo las provincias eclesiásticas de Colonia, con las sufragáneas de Tréveris, Münster y Paderborn, y Gnesen-Posen con la diócesis de Kulm, y además los dos obispados exentos de Breslau y Ermland. Los obispos habían de ser elegidos por los capítulos catedralicios, pero excluyendo a los candidatos no gratos al rey. El estado dotaba a los obispados. Tampoco aquí se hablaba más de los bienes secularizados, del mismo modo que se hizo en Baviera, lo cual equivalía a su renuncia por parte de la Iglesia.
Un acuerdo similar concertado en 1824 con Hannover establecía los obispados de Hildesheim y Osnabrück. El rey, que por aquel entonces lo era al mismo tiempo de Inglaterra, recibía el derecho de excluir de las elecciones para obispos a los candidatos poco gratos, es decir, los podía borrar todos menos tres.
Para el Suroeste de Alemania se estableció en 1821 el arzobispado de Friburgo (Baden) con las sufragáneas de Rottenburg (Württemberg), Maguncia (Hessen-Darmstadt), Fulda (Kurhessen), Limburg (Nassau y Frankfort). En cuanto al modo de proveer las sedes, después de largas y difíciles negociaciones, se convino un procedimiento análogo al de Prusia. La situación de la Iglesia alemana se mantuvo satisfactoria durante la mayor parte del siglo XIX, incluso en lo que se refiere a la colaboración con los funcionarios estatales.
De seguro que habrá habido pocos países que pudieran gloriarse de poseer un cuerpo de funcionarios tan íntegros y al propio tiempo tan capacitados como los estados alemanes del siglo XIX, aunque no dejara de observarse en ellos el afán tan alemán de reglamentar todas las cosas hasta los más ínfimos detalles. Los católicos tuvieron que quejarse de una cierta postergación en la vida pública, sobre todo en el campo de la enseñanza superior. En las diecisiete universidades alemanas apenas había un sólo profesor católico. Contribuían á ello los prejuicios protestantes vivos aún en muchos lugares, pero es también indudable que se advertía una cierta inferioridad cultural de parte de los católicos.
Con todo eso, no le faltaron a la Iglesia alemana luchas que sostener. Poco después de haberse regulado la situación jurídica de la Iglesia, ocurrió en Prusia un severo choque con motivo de los matrimonios mixtos. Según el derecho prusiano los hijos debían ser educados en la religión del padre. El arzobispo de Colonia, Clemente Augusto von Droste-Vischering, salió en defensa de la doctrina de la Iglesia, lo cual le valió ser detenido en 1783. La misma suerte corrió en 1839 el arzobispo de Gnesen-Posen, Martín von Dunin. Pero fue tal la indignación que se apoderó de los católicos, que el gobierno dio marcha atrás y aceptó una solución conforme con el derecho canónico.
Conflictos entre el episcopado y el gobierno los hubo también en otros estados alemanes, como Baden, Württemberg y Nassau, aun antes de 1870; sin embargo, los daños no fueron de consideración, y uno de sus efectos fue el de mantener viva en los católicos la repugnancia hacia la tutela excesiva del Estado.