Corea
Sobremanera curiosa es la historia misional de la península de Corea, ya que allí se formó una comunidad de cristianos antes de que llegara ningún misionero. Corea era un estado vasallo de China, totalmente inaccesible a los europeos. Pero llegaron a ella unos libros cristianos chinos, que fueron leídos ávidamente. Un miembro de la embajada que anualmente se enviaba a Pekín para pagar el tributo, se hizo bautizar en la ciudad imperial en 1784.
A su regreso, formó una comunidad de cuatro mil cristianos. Ésta tuvo pronto que sufrir persecuciones, e incluso martirios. Hasta 1794 no pudieron los católicos coreanos recibir la visita de un sacerdote: era un chino y se presentó disfrazado. Desde 1831 los misioneros de París no cejaron en sus intentos de penetrar en la península, pero todavía en 1866 fueron muertos el vicario apostólico con varios misioneros. Desde que en 1895 Corea pasó a ser un protectorado japonés, al menos cesaron las persecuciones sangrientas.
La misión se desarrolló bien hasta que, a fines de la segunda guerra mundial, el país fue dividido por el paralelo 38 en zonas de ocupación por la Unión Soviética y los Estados Unidos, de las que posteriormente surgieron una república popular comunista en Corea del norte y una república de Corea del sur. El centro principal de la misión católica estaba también aquí en el norte.
En la guerra de Corea de 1950-53, en que también el sur estuvo por mucho tiempo ocupado por tropas comunistas, la misión hubo de sufrir gravísimos daños. Muchos misioneros y sacerdotes indígenas fueron asesinados y deportados. Desde entonces, sobre la Iglesia de Corea del norte ha caído tupido velo de absoluto silencio. En Corea del sur, pareció que, al terminar el conflicto, había llegado la hora de un rápido crecimiento.
En 1965, para veintiocho millones de habitantes, se contaban allí unos seiscientos setenta mil católicos. Sin embargo, las tensiones de la política interna han vuelto a frenar nuevamente el desarrollo misional. En 1962 recibió también Corea su propia jerarquía. En las dos partes del país existían tres arzobispados y ocho obispados.
En 1966 quedaba erigida la nunciatura y el primer cardenal coreano era nombrado en 1969 (Stephen Sou Hwan Kim). Las iglesias cristianas, fueron, por otro lado y a pesar de sus dimensiones reducidas, el centro de la oposición espiritual al régimen dictatorial de Park. Las tensiones entre la Iglesia y el Estado llevaron en agosto de 1974 a la detención del obispo de Wonju, que fue condenado por un tribunal militar a quince años de prisión (aunque fue liberado, con otros 150 presos, en febrero de 1975). Hoy la Iglesia de Corea cuenta con cerca de un millón de almas, dentro de una población que alcanza más de 40 millones de habitantes.
Así pues, el Asia monzónica, o sea todo el espacio ocupado por la India, Indochina, China, Japón y las islas surorientales, contiene una cristiandad católica de unos veinticinco millones de miembros, o sea aproximadamente tanto como los Estados Unidos de Norteamérica. ¡Cuan distinto es, empero, el cuadro! En el Asia monzónica habita la mitad de la humanidad, y los católicos pasan casi inadvertidos en tan enorme masa. Norteamérica tiempo ha que dejó de ser tierra de misión. Su Iglesia no necesita ya recibir, sino que está en situación de dar.
En cambio, a la Iglesia asiática le falta aún mucho para que pueda sostenerse en todas partes sin ayuda: muchas de sus regiones dependen aún de la aportación exterior, sobre todo en cuanto a los sacerdotes. Pero la Iglesia asiática está en marcha, y en marcha hacia delante, sobre todo en los dos países principales, la India y China. Ha adquirido ya carta de naturaleza en el Asia: existe una cristiandad católica de tipo asiático. En la Roma de hoy, el sacerdote y obispo «moreno» o «amarillo» es ya una figura familiar y cotidiana. La Iglesia no conoce problemas raciales.