Nuevos problemas
También durante estos años, a nivel internacional las tensiones han sido frecuentes. Una vez que la llamada «guerra fría» dejó de acaparar la atención del mundo, otros enfrentamientos y problemas han venido sucediéndose y acumulándose vertiginosamente.
Tras lo que se podría llamar la «explosión africana», poniendo fin, en gran parte, a la situación colonial de este continente, se han sucedido los dramáticos acontecimientos de la guerra de Vietnam, con sus repercusiones en los países vecinos, la interminable situación bélica en Irlanda del Norte, las continuas tensiones en Oriente Medio (guerras árabe-israelíes, conflictos en Jordania, Siria y Líbano), la difícil situación de Iberoamérica, sujeta en parte a regímenes dictatoriales con sus réplicas revolucionarias, situaciones represivas y acciones guerrilleras. En la vieja Europa, el mayo francés del 68 replantea los principios de convivencia, no sólo a escala nacional.
Y todo esto ha venido acompañado de una fuerte crisis económica en occidente, agravada por la terrible crisis energética (límites y encarecimiento del petróleo, problema de la energía nuclear) y la tremenda realidad del hambre en los países del tercer mundo.
La Iglesia no ha permanecido insensible, y aunque las preocupaciones intraeclesiales embargaban su atención, siempre mantuvo una política en favor de la paz.