Sin embargo, todos los sabios axiales insistían en un tercer componente. Para entender el verdadero significado del mito, no sólo debías llevar a cabo los ritos que le proporcionaban resonancia emocional, sino que también debías comportarte con la ética correcta. Si en tu vida cotidiana no tenía influencia lo que Confucio llamaba ren, rang y shuy un mito como el de Yao y Shun no era más que una historia abstracta y opaca. En la India védica, los actos rituales se llamaban karma («acciones»). Sin embargo, a Buda no le interesaban los sacrificios rituales. El redefinió el karma como las intenciones que inspiran las acciones cotidianas. Nuestras motivaciones son karma interno, acciones mentales mucho más importantes que la observancia de los ritos, y tan importantes como las acciones externas. Eso suponía una revolución típica del período axial, pues profundizaba e interiorizaba la interrelación entre moral y mitología. El mito siempre había exigido acción. Los sabios axiales demostraban que el mito no revelaría todo su significado si no conducía al ejercicio de la solidaridad y la justicia prácticas en la vida diaria.
El autor del Tao te king, del siglo III a. C., conocido como Lao Tzu, también tenía una visión negativa de los rituales tradicionales. En lugar de recurrir al li, él se valía de ejercicios de concentración parecidos a los del yoga indio. Consideraba que la civilización era un error que había desviado a los seres humanos del verdadero Camino (Tao). Lao Tzu se inspiraba en una Edad de Oro de sencillez agrícola, cuando la gente vivía en pequeños poblados, sin tecnología, sin arte, sin cultura y sin guerras. Los chinos creían que esa Edad de Oro había terminado con la muerte del héroe cultural Shen Nung, quien, sacrificándose mucho, había enseñado a los seres humanos la ciencia de la agricultura. Shen Nung había probado personalmente todas las plantas para averiguar cuáles eran comestibles, y en una ocasión se envenenó setenta veces en un solo día. A principios del siglo III a. C., cuando los reinos más poderosos se tragaban pequeños estados y comunidades en una destructiva guerra tras otra, el mito de Shen Nung había cambiado. Ahora se lo consideraba el gobernante ideal, por excelencia. Decían que había liderado un imperio descentralizado, que había arado sus propios campos junto a sus súbditos, y que había gobernado sin ministros, leyes ni castigos. Los ermitaños idealistas habían abandonado la vida pública para recrear el ideal de Shen Nung, y el Tao te king, en principio dirigido al gobernante de un pequeño estado, da consejos similares. Es mejor retirarse, pasar inadvertido, no hacer nada y esperar a que las grandes potencias fracasen por culpa de su exceso de ambición.
Pero, como a todos los maestros axiales, a Lao Tzu le preocupaban no sólo los aspectos prácticos de la supervivencia, sino también encontrar una fuente de paz trascendente en medio de la turbulencia mundana. Aspiraba a una realidad definitiva, el Tao, que va más allá de los dioses y es la base inefable de toda existencia. El Tao trasciende todo lo que podemos conceptualizar, y sin embargo, si cultivamos un vacío interno, sin deseos egoístas ni avaricia, e introducimos la solidaridad en nuestra vida, lo experimentaremos y nos transformaremos. Cuando abandonemos el espíritu dirigido a la obtención de fines de la civilización, estaremos en sintonía con el Tao, el camino por el que deberían discurrir las cosas. Sin embargo, aunque Lao Tzu recurre a la Edad de Oro mítica de Shen Nung cuando describe el sistema de gobierno ideal, también recurre a los mitos tradicionales (aún vigentes en la cultura popular) para explicar el Tao. Éste es la Fuente de la Vida, el Antepasado por excelencia, y también la Madre. Los seres humanos prehistóricos habían visto a la Gran Madre como un personaje feroz y violento, pero, en el nuevo espíritu axial, Lao Tzu le proporciona los atributos de la compasión. Se la asocia con la generosidad, rasgo inseparable de la verdadera creatividad. A veces, los hombres y mujeres prehistóricos habían representado un regreso al vientre materno excavando túneles subterráneos. Lao Tzu se imagina al Sabio, el ser humano perfecto, realizando ese regreso mediante la observancia del Tao del universo.
Tanto Lao Tzu como Buda estaban dispuestos a utilizar los antiguos mitos para ayudar a la gente a entender las nuevas ideas. Como creía que los sacrificios de animales no sólo eran inútiles sino también crueles, Buda censuró el ritualismo védico, pero fue tolerante con la mitología tradicional. El ya no creía que los dioses fueran eficaces, pero supo dejarlos discretamente en un rincón y no sintió la necesidad de organizar una ofensiva ideológica contra ellos. Además, confirió a los dioses un nuevo significado simbólico. En algunas historias sobre su vida, hay dioses como Brahma, la deidad suprema, o Mará, señor de la muerte, que parecen reflejos del propio estado interno de Buda, o personificaciones de fuerzas mentales en conflicto.
En cambio, los profetas de Israel no podían adoptar una actitud tan relajada. Ellos se veían obligados a luchar duramente contra los antiguos mitos, a los que consideraban incompatibles con su reforma axial. Durante siglos, los israelitas habían compartido la vida ritual y mítica de Oriente Medio, adorando a Asherat, Baal e Ishtar al tiempo que adoraban a su propio dios Yahvé. Pero ahora que Yahvé parecía tan distante, algunos profetas, entre ellos Oseas, Jeremías y Ezequiel, emprendieron una revisión radical de los antiguos mitos antropomórficos. Como las viejas historias parecían vacías, ellos declararon que eran falsas. Su dios Yahvé, cuya enorme trascendencia demostraba la trivialidad de esos viejos cuentos, era el único dios. Organizaron una polémica contra la antigua religión. Representaron al propio Yahvé teniendo que adoptar una actitud agresiva para conseguir el liderato del Consejo Divino, y advirtiendo al resto de dioses que, como habían descuidado las virtudes axiales de la justicia y la solidaridad, irían retirándose progresivamente y morirían como cualquier mortal. A los héroes culturales como Josué, David y el rey Josías se los, muestra suprimiendo de forma violenta los cultos paganos locales, y las efigies de Baal o Marduk se ridiculizan por estar hechas por humanos con oro y plata, y porque un artesano las puede reproducir en un par de horas.