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Animales y chamanes

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Los chamanes son personajes  fundamentales  en la sociedad india. Su interacción constante con el mundo animal les permite entre otras cosas convertirse en algún tipo de bestia, pero éstas también pueden utilizar sus trucos. Así lo hace el Coyote, animal popular entre los indios norteamericanos debido a su astucia, su instinto de supervivencia y su multiplicidad de funciones, cuando en una de las leyendas que protagoniza emplea un Pabellón del Sudor —éste es una especie de sauna que se construye con piedra y en la cual se llevan a cabo diversos rituales de sanación física o purificación espiritual—. En la época a la que se refiere el relato, los gigantes aún deambulaban por la tierra. Estos seres, tan crueles y fuertes como estúpidos, eran aficionados a devorar niños. Un día el Coyote se encuentra con uno de ellos y decide castigarle. Le convence con facilidad para construir y probar juntos un Pabellón, bajo la promesa de que allí multiplicará su agilidad y su fuerza hasta límites insospechados. Una vez que el interior se llena de vapor de agua, el Coyote anuncia que va a comprobar si funciona de la forma correcta. Para ello se romperá una pata, que tendrá que sanar de inmediato por el poder de la magia. Utiliza una piedra para machacar la
pata..., que en realidad ha despellejado previamente a un ciervo y ha introducido a escondidas. En plena sauna y sin ver gran cosa, el ogro toca la pata rota y, completamente engañado, escucha cómo el Coyote escupe sobre ella y le ordena que se cure. A continuación ofrece su pata verdadera al tacto del gigante y éste se maravilla al comprobar que está ilesa. Entonces le pregunta si quiere repetir el milagro en sus propias carnes y él acepta entusiasmado. Con la misma piedra, el Coyote rompe una de las piernas del gigante, que aúlla de dolor pero no protesta porque confía en la buena marcha del experimento, y le explica que sólo ha de escupir sobre ella para solucionar el asunto... Así que el ogro escupe y escupe hasta quedarse sin saliva pero aquello no cura y además el dolor se hace insoportable por momentos. El Coyote salió entonces de la estancia con un simple comentario: «Tú sigue escupiendo». Y se fue. Hay quien dice que el gigante sigue allí todavía llenándose de babas y sufriendo dolores horrorosos en castigo a su maldad.
Aparte de resaltar la habilidad del Coyote y explicar que el mal siempre recibe su castigo, esta historia posee un trasfon-do de advertencia similar a la historia europea del aprendiz de brujo: alerta contra la ignorancia de quienes se creen capacitados para ejercer la magia sin ser auténticos chamanes. Por mucho que se rodeen de la parafernalia exterior, el poder siempre proviene del interior del mago y no de los adminículos que utiliza. En todo caso, este animal es tan importante en la mitología india que incluso existe un espíritu tutelar, un tótem específico que marca el Camino del Coyote. Una ceremonia de curación de los navajos en la que intervienen personificaciones enmascaradas de los dioses está recomendada de forma especial si algún miembro de la tribu sufre la llamada «enfermedad del coyote» que aparece con facilidad si uno mata a uno de estos animales. Como sucede con nuestros familiares hombres-lobo.
Otro «clásico» en la mitología animal india es el Pájaro Trueno, materialización del espíritu del trueno que para muchas tribus fue la primera manifestación divina sobre la tierra: una especie de enorme águila cuyos ojos o pico producen centellas y su batir de alas es atronador. Conocido también como Wakinyan y considerado como ayudante directo del Gran Espíritu, cuenta en consecuencia con poderes creadores y destructores de gran alcance. En algunas leyendas adquiere forma humana. Ciertas tribus hablan de cuatro Pájaros Trueno, uno por cada parte del mundo (de nuevo el cuatro como número importante entre los indígenas)... Sea uno o cuatro, con aspecto de ave horrible o de hombre misterioso, su misión es echar una mano a la humanidad y de paso luchar contra los genios del mal. Como un Prometeo americano, se encargó de regalar el fuego a los primeros hombres con la ayuda del Dios del Trueno, que envió un rayo para que prendiera el tronco de un árbol hueco, y de la Araña del Agua, que tejió una tela en forma de pequeña vasija y se la colocó en la espalda para transportar uno de los rescoldos. La araña es un animal de frecuente aparición en las historias de la creación de todo el mundo.
Finalmente, el animal más próximo a nosotros según los propios indios es el oso, que a veces camina sobre dos patas y tiene un esqueleto parecido al de los seres humanos, pero de mayor tamaño. En buen número de leyendas los osos aparecen como una raza desgajada de la humana que usa indistintamente sus pieles de hombre o de plantígrado según las circunstancias. Una historia muy extendida cuenta cómo la hija de un jefe se topó un día en el bosque con dos jóvenes que pertenecían a la tribu de los hombres-oso y que la llevaron a su hogar, donde las pieles de estos animales colgaban por todas partes. El jefe del clan era un individuo colosal que podía exhibirse como un terrible grizzly. Fascinada, la muchacha se casó con el hijo del jefe y, fruto de esa relación, a su tiempo parió mellizos..., oseznos mellizos. Sin embargo, su familia no había dejado de pensar en ella y de vez en cuando sus hermanos salían en su busca con la esperanza de encontrarla. Al fin, la encontraron sola junto a sus dos hijos y la llevaron de regreso. Los oseznos se quitaron sus respectivas pieles y ofrecieron su aspecto humano: el de dos magníficos y apuestos muchachitos que, al crecer, se convirtieron en excelentes cazadores. Cuando la mujer envejeció y murió, sus hijos regresaron con la tribu de los hombres-oso. Sus descendientes adoptaron este animal como tótem y siempre tuvieron buena suerte en la caza.
La existencia del chamán es una de las principales pruebas que se aducen para conectar a los indios norteamericanos con los antiguos habitantes de las estepas siberianas. Máxima autoridad médica y, sobre todo, religiosa, es intermediario imprescindible para los hombres en un mundo en el que los espíritus y los animales se manifiestan a menudo. A pesar de la imagen distorsionada y denigrante que del hombre-medicina nos ofrecen los medios audiovisuales constantemente, el chamán no es un cualquiera. Para asumir las responsabilidades que se le presentan en el ejercicio de sus funciones, debe disfrutar de unas cualidades poco corrientes que incluyen desde conocimientos sobre los efectos y las aplicaciones de todo tipo de plantas silvestres sobre el cuerpo humano hasta una amplia sabiduría acerca de la psicología de las personas pasando, por supuesto, por un grado básico de misticismo personal. De él dependen muchas de las decisiones de su pueblo y hemos de convenir que, si su actividad fuera digna de charlatanes y desocupados, raro sería que su institución hubiera sido respetada a lo largo de los tiempos. Los indios pueden ser incultos, pobres e incluso supersticiosos desde el punto de vista occidental, pero no tontos.
En lo que se refiere a sus trabajos de carácter mágico, quizá uno de los más conocidos sea el de adquirir la visión de un espíritu guardián que por lo general se le aparece en forma de animal o a veces de elemento natural para aconsejarle. Este animal «etéreo» presta sus ojos para que la mente del chamán vea a través de ellos lo que ocurre lejos de allí. A fin de alcanzar el estado espiritual necesario en el cual poder llevar a cabo semejante labor, el brujo se aísla como un ermitaño en un lugar remoto donde se somete a un proceso que alterna el ayuno y la oración. Sólo los verdaderos chamanes pueden concluir con éxito esta labor de intermediación entre el mundo humano y el mundo de lo sagrado.
Una forma habitual de adquirir este estatus en la tribu es la iniciación fortuita, prueba de que los dioses reconocen en una persona sus cualidades para convertirse en hombre-medicina. El individuo, por lo general un hombre, cae muy enfermo a una edad joven. Su crisis va a más y en el curso de ella muere. O eso parece, porque al cabo de poco tiempo resucita, ya con visos de recuperación a corto plazo y mostrando una sabiduría que antes no poseía. Durante el tiempo que transcurre entre el momento en que su alma abandona circunstancialmente su cuerpo hasta que regresa al mismo, toma contacto por primera vez con Lo Sagrado. En este mundo es recibido por los espíritus, que le conceden la gracia de unos primeros conocimientos exclusivos. A lo largo de su vida irá recibiendo más, a medida que acredite su merecimiento. A partir de ese momento, debe ser protegido y enseñado por un chamán veterano. Éste actuará como su maestro después de reconocer en él los estigmas concretos que le señalen como a uno de su estirpe. En este proceso de maduración como un brujo auténtico, el relato del primer encuentro con los espíritus se convierte en el mito personal del nuevo chamán ya que supone el fundamento de su recién adquirido poder. Con él, podrá encontrar los objetos perdidos, curar a los enfermos y prever los mejores sitios para enviar a los guerreros a cazar con éxito. Entre sus poderes también se halla el de entrar en trance a voluntad para viajar al mundo sagrado, a la tierra de los muertos, a fin de solicitarles ayuda y consejo en circunstancias críticas. Y de la misma forma que la imagen clásica de un médico estaría incompleta sin su maletín de emergencias, la del chamán no puede entenderse sin su fardo de «medicinas», en el que guarda objetos mágicos empleados sobre todo para los rituales de sanación y que a menudo representan físicamente a los espíritus amistosos.
El cuadro lo completa el tocado de búfalo o de águila «muy corrientes en numerosas tribus, como animales especialmente protectores de los indios» que usaba en los ceremoniales.


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