El culto de los stupa
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Según el Maháparinirvánasutra, una vez que Buda hubo penetrado en el perfecto nirvana, su cuerpo fue incinerado y sus reliquias dispersadas. Para contenerlas se erigieron los stupa. Conservar los restos del rey o de los héroes en construcciones funerarias era una antigua práctica india, y los budistas Ja tomaron como modelo. El stupa remitía a la eterna grandeza del fundador y hacía que su recuerdo se sintiera de forma más tangible. Con el rey Asoka el culto de los stupa se difundió por toda la India.
Los monjes despreciaban el culto de las reliquias, recordando las palabras de Buda de que no se debía venerar la persona sino el mensaje. Algunas escuelas se oponían firmemente a ello al ver que la devoción de los fieles convertía a Buda en un ser divino. Pero a pesar de esta discrepancia —o quizá precisamente gracias a ella— en torno a los stupa florecieron prácticas de culto centradas en Buda, que tuvieron como protagonistas a los laicos y ejercieron una influencia decisiva en los posteriores desarrollos doctrinales.
Las imágenes del fundador conservadas por los stupa son enigmáticas. Los monumentos de Bharhut, Sáncí y Amarávati tienen abundantes frisos con figuras humanas y divinas, pero a Buda siempre se le representa con puros símbolos, que encierran el significado de la doctrina: es el árbol de la iluminación, el trono del soberano universal o la rueda del dharma.
Tal vez el símbolo abstracto se consideraba más adecuado para la contemplación; tal vez la ausencia de imágenes pretendía subrayar la naturaleza trascendente del fundador. Los budistas aceptaron el sentido más profundo de este monumento y ree-laboraron sus códigos expresivos para adaptarlos a su visión. La arquitectura tradicional del stupa representaba el universo, que se convirtió en el símbolo del dharmakáya, el cuerpo trascendente de Buda, y cada uno de los componentes del monumento se relacionó con un grado de perfección espiritual hacia la iluminación.
En el siglo I a.C, se desarrolló la práctica devocional asociada a la imagen antropomorfa de Buda. En Mathura, en la zona centro-septentrional de la India, donde al parecer se crearon las primeras estatuas, los escultores utilizaron la iconografía de los yaksa, divinidades muy veneradas en la antigua India, para expresar el concepto de Buda como ser sobrehumano. Realmente, el nuevo ritual budista (ofrenda de flores, comida, incienso, música y plegarias) presentaba una clara continuidad con los antiguos cultos a los dioses. Había, además, en el simbolismo solar influencias iranias y centroasiáticas.
En el Gandhára los artistas esculpieron después la imagen de Buda de forma distinta y muy atractiva, recurriendo a las convenciones estéticas helenísticas introducidas en Asia por los griegos.