La dieta del Dr. Dukan

 

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El bon

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Está atestiguado que, cuando el budismo penetró en el Tíbet, se practicaban cultos chámameos y animistas, pero no sería correcto considerar el bon actual como único depositario de la tradición originaria tibetana, que dejó importantes huellas también en el budismo. Además, parece necesario establecer una distinción entre bon propiamente dicho y el conjunto no sistematizado de tradiciones y creencias populares del Tíbet actual, que difícilmente admiten una clasificación precisa. Bon significaba originariamente «orar, invocar, salmodiar»; más tarde pasó a designar «verdad, realidad» y se convirtió en sinónimo de chos, palabra tibetana que designa el dharma.

De hecho, el bon presenta numerosas semejanzas con el budismo: igual que éste, se considera universal y, por consiguiente, no es fácilmente catalogable como religión étnica. Posee un canon (Bka'-'gyur y Brten-'gyur), cuyos textos doctrinales y rituales apenas difieren de los budistas. Los seguidores del bon, o bon-po, se dotaron de reglas y objetivos afines a los de la escuela antigua (Rñih-ma), con la que tuvieron numerosos contactos. Por ejemplo, en el establecimiento de la identidad histórico-religiosa de ambas tradiciones desempeñaron, y siguen desempeñando, un papel importantísimo los gter-ston o «descubridores de tesoros», los que encuentran textos escondidos en lugares recónditos durante las antiguas persecuciones. Pero hay que observar que este hallazgo puede producirse incluso en las profundidades de la propia mente.

El carácter específico del bon se aprecia sobre todo en el uso de nombres, mitos y fórmulas evocadoras e iconográficas diferentes, que a veces parecen ocultar un rasgo de arcanidad oscura e inquietante, signos de un pasado sombrío, que tal vez explica el mantenimiento de la distinción con el budismo.

El bon posee además una clasificación peculiar de los textos complementarios al canon, llamada sgo bzhi mdzod Inga, que comprende prácticas esotéricas, oráculos, ceremonias fúnebres y ritos de curación. Segús sus textos sagrados, el bon procede de la región del Zañ Zuñ, que podría situarse en el oeste del Tíbet, pero sus primeras manifestaciones habría que situarlas más al oeste, en la región llamada Rtag-gzigs (¿Tajik?), y su fundador habría sido Ston-pa Gsen-rab, el verdadero iluminado (del que áákyamuni no sería más que la manifestación), que propagó la doctrina, convirtiéndose en el centro de la devoción de los bon-po. El bon distingue tres fases en su propio desarrollo: una oral, de «bon manifiesto», en la habría dominado la práctica del éxtasis oracular y de los sacrificios, tal vez incluso humanos.

En la fase siguiente, de «bon diferente», se oficiaban sobre todo cultos funerarios reales. Hay que recordar, a modo de inciso, que la figura del rey asume en los mitos del bon el sentido de mediador de origen divino entre el cielo y la tierra, por influencia china y centroasiática. Por último, los textos sagrados del bon reconocen una tercera fase de «bon transformado», en la que se admite la influencia del pensamiento budista. Esta última es la única fase históricamente ates-tiguable del bon en su forma actual y se remonta a la época de la introducción del budismo en el Tíbet (siglos VII-VIII). Precisamente en aquel tiempo el bon fue prohibido y no recibió un nuevo impulso hasta el siglo XI. A partir del siglo XV, los bon-po se organizaron en estructuras monásticas siguiendo el ejemplo budista.

Teniendo en cuenta sus afinidades, que abarcan incluso el ámbito doctrinal, el bon ha sido considerado a menudo una escuela heterodoxa del budismo, o incluso una forma degenerada de esa doctrina, pero también hay quien ve en el bon los ecos de una tradición budista «paralela», procedente de Zañ Zuñ y anterior a la introducción «oficial» del budismo. Para comprender realmente qué es el bon, tal vez sea preciso tener en cuenta el proceso de recíproca influencia y transformación que tuvo lugar entre el budismo y las religiones populares tibetanas, en el que el budismo transmitió al bon un conjunto homogéneo de doctrinas filosóficas, a la vez que por su parte adoptaba numerosas prácticas extáticas.

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