La tradición Mahayána
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Hacia el siglo I a.C. se perfila con claridad en el seno del budismo una nueva y sofisticada metafísica, un nuevo espíritu religioso universalista. Gradualmente se habían ido mezclando con la especulación del Abhidharma las antiguas concepciones del sustrato no ario, el imaginario devocional que había florecido libremente en los cultos en torno a los stupa, las influencias religiosas iranias y centroasiáticas y las tendencias bhakta del hinduismo. Se creó así una síntesis filosófica capaz de proporcionar legitimidad teórica y coherencia sistemática a este crisol de experiencias espirituales.
Nace la tradición Mahayána, «gran vehículo», llamada así para acentuar la diferencia respecto de las escuelas antiguas designadas con el sobrenombre peyorativo de Hínayána, «pequeño vehículo». Floreció en la época de prosperidad y esplendor cultural de la dinastía Gupta. Nálanda y Valabhl serán las instituciones más importantes de estudios budistas durante al menos mil años, y cuando, en el siglo vn, la dinastía Pala asuma el control del centro y este de la India, Vikramaslla y Odan-tapurí se convertirán en importantes centros de espiritualidad.
Los estudiosos a menudo tienden a exagerar la oposición entre Mahayána y las antiguas escuelas, como si las aspiraciones religiosas de los laicos se hubieran impuesto a una tradición monástica conservadora y elitista. No hay duda de que los laicos y la creciente importancia del papel de la mujer en el proyecto de salvación condicionaron la formación de un ideal religioso diferente, pero hay que tener en cuenta que muchos conceptos innovadores ya habían sido expresados por algunas escuelas antiguas (Lokottara, Sarvastiváda) y que el liderazgo espiritual siempre lo conservaron firmemente los monjes.
La renovación tenía un fuerte elemento de continuidad constituido por un núcleo de ideas originarias que jamás fueron negadas, sino profundizadas y ampliadas por una nueva filosofía. A este aliento especulativo contribuyó también el nuevo florecimiento del hinduismo en su forma puránica. Las enseñanzas del Mahayána se transmitían en sánscrito: con el abandono del pali, los budistas se introducían en el mundo de los debates religiosos y filosóficos, y alcanzaban la fuente en la que el pensamiento hinduista se había ido renovando.