La dieta del Dr. Dukan

 

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Los tres cuerpos de buda

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La fantasía de la fe y la especulación metafísica sobre la naturaleza de la condición de buda inspiraron la teoría del «triple cuerpo» de Buda, a fin de explicar cómo los hombres, en el mundo de lo relativo, podían captar la verdad absoluta y beneficiarse de las ensenanzas de Buda, que pertenecía a una dimensión eterna.

El motivo inicial se basaba en el hecho de que Buda, en el momento de su muerte, había confiado su doctrina a los fieles. Su palabra constituía, pues, una presencia permanente. A partir de las especulaciones sobre la vacuidad, se produjo un audaz cambio de significado: el «cuerpo de la doctrina» comenzó a designar tanto el conjunto de enunciados y de estados de meditación que conducían a la captación de la verdadera naturaleza de lo real como la realidad última, inefable.

El «cuerpo» de la condición absoluta de buda, el dhamarkáya, simboliza la perfecta coincidencia entre la vacuidad y la mente pura que la ha comprendido. De este «cuerpo de verdad» deriva el sambhogakaya, el «cuerpo de gozo» de Buda que, glorioso, en la felicidad de su paraíso, predica a los bodhisattva y es objeto de veneración religiosa. Finalmente, la condición de buda se manifiesta en el mundo, en la dimensión de lo relativo y de la historia, el nirmánakáya, adoptando la forma humana de los buddha que durante siglos impartieron ensenanzas y en el futuro seguirán ensenando a los hombres el camino hacia el despertar. Se trata, pues, de un cambio de perspectivas y de valores.

El primer budismo se centraba en esta vida, en la opresiva e inmediata realidad del dolor de existir, y exaltaba la experiencia de iluminación del fundador como la vía ideal de la separación y de la liberación del samsára. El Mahayana, en cambio, apunta directamente hacia lo alto, a la dimensión metafísica de la vacuidad y a los empíreos de los buddha eternos, que en su esplendor manifiestan las facetas de la verdad, para descender luego, con una mirada interior más pura y libre, a las formas evanescentes del samsára y a Sakyamuni, aparición también transitoria en el tiempo y en el espacio.

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