Agni y «soma»
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Agni y soma, elementos básicos del sacrificio, son el centro de atención de los himnos del Rigveda. Representan toda forma de oposición: entre el fuego y el agua, entre la existencia y la eternidad, entre el soberano y el sacerdote. Agni es la divinidad ígnea, dios del sol, del rayo, del fuego sacrificial.
Hijo del Cielo y de la Tierra, mediador entre los dos mundos, recibe las ofrendas de los hombres, y al quemarlas hace con su humo una ofrenda a los dioses. Agni es la vida, porque alimenta el fuego doméstico y preside el rito nupcial; también es la muerte, porque consume la pira fúnebre y acompaña el alma a ultratumba. Soma era el jugo de una planta que al parecer tenía poderes embriagadores. No ha sido identificada y tal vez corresponde al haoma del Avesta.
Se consideraba la bebida de la inmortalidad, el rocío celeste que otorga poderes extraordinarios, y se utilizaba para las libaciones de los sacrificios. Agni y soma son glorificados porque inspiran en los místicos de los Veda esa especial «visión» que cristaliza en los himnos.
El dios del fuego y de la luz, porque «ilumina» las conexiones secretas del cosmos. El soma, porque gracias a sus efectos tal vez alucinógenos permite una visión «diferente» y más pura. El poeta védico es, pues, un «visionario», un mediador entre la realidad absoluta que sólo él puede ver y los hombres, a quienes intenta narrársela forzando el lenguaje para expresar lo inexpresable, exprimiendo de las palabras su poder más sagrado.