La «ahimsá»
![]()
La práctica de la no violencia, el voto de ahimsá, la «i-nocencia» era una de las decisiones impuestas en el momento de la renuncia. Pero se consideró un factor desestabilizador de la ortodoxia brahmánica, tal vez porque ponía de manifiesto con gran claridad el conflicto entre las obligaciones del cabeza de familia y las del asceta.
Quitar la vida está mal, manipular un cadáver es la máxima impureza. Pero los grandes sacrificios védicos imponían la muerte de la víctima.
La opción de la no violencia se oponía, pues, claramente al sacrificio. En otras palabras, el acto que el renunciante debía rechazar si aspiraba a la salvación era precisamente el que la experiencia religiosa brahmánica le obligaba a hacer.
Prisionero de esta contradicción, el mundo sacerdotal intentó reducir al mínimo la impureza y la violencia del sacrificio, como demuestran las medidas rituales contra la contaminación de la sangre o los medios de expiación ofrecidos al sacerdote.
Al desaparecer de la práctica del culto los sacrificios solemnes, las dos vías llegaron a compartir el mismo ideal: el brahmán se convertía, en el seno de la sociedad, en el principal poseedor del valor de la ahimsá y optaba por el régimen vegetariano. El renunciante la observaba de forma rigurosa mediante el abandono de la sociedad.