La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

La tradición Shangqing

A comienzos del siglo IV, el norte de China fue conquistado por los «bárbaros» y, siguiendo a la corte imperial, muchos buscaron refugio en el sur, entre ellos los Maestros del Cielo. En aquella época, la cultura del sur de China había realizado una elaboración propia y original de la doctrina taoísta. El encuentro entre ambas tradiciones forzosamente tenía que provocar una renovación religiosa. La nueva corriente, el Shangqing, se originó a partir de las revelaciones de un médium, Yang Xi, quien, inspirado por inmortales del supremo cielo, entre los años 364 y 370 dictó textos nuevos y «verdaderos». Tao Hongjing (456-536), un famoso maestro, clasificó los escritos sagrados y los comentó.

Estas obras iniciáticas, Shangqing zhenjing, de gran valor literario, marcaron el inicio de la nueva ortodoxia, que recuperaba los temas básicos del pensamiento de Ge Hong, armonizándolos con elementos del Tianshitao y con temas procedentes de los mitos y cultos locales. Además se inspiraba —y esto constituía una gran novedad— en diversos elementos de la doctrina budista.

Con el Shangqing se formó una nueva élite religiosa, perfectamente organizada en comunidades y monasterios, que relegó a segundo plano la comente de los Maestros del Cielo. El Shangqing, que tenía una sólida base de textos canónicos, seguía unas reglas de transmisión rigurosamente establecidas. El Maoshan, la montaña sagrada que se encontraba al sur de Nanking, se convirtió en un famoso centro de estudio de la revelación. El éxito del movimiento fue duradero: su inspiración especulativa y su influencia religiosa fueron significativas por lo menos hasta el siglo XI.

El Shangqing es una tradición mística de búsqueda interior, en la que la concentración de la mente, la evocación de visiones cósmicas y el redescubrimiento de la fantasía mítica son más importantes que el acto ritual. La inmortalidad sigue siendo el objetivo, pero ya no se conquista a través de un proceso exterior y de la utilización de sustancias alquímicas, sino mediante la «contemplación interior», que transforma la visión que el adepto tiene del mundo y de sí mismo.

Su hermenéutica está basada en los esquemas de relaciones analógicas del Yijing y en el simbolismo de la escritura sagrada. En este sentido recupera una idea china antiquísima, que nació con la elaboración del sistema de escritura en el seno de la lógica adivinatoria. La idea es que lo que está escrito tiene en sí mismo un poder sagrado, una fuerza creativa, porque representa la forma verdadera y secreta de los seres; quien la conoce puede comprender y manipular el mundo. Y más si se tiene en cuenta que los textos sagrados, como el Dadong Zhenjing, son revelaciones de la naturaleza auténtica de lo real y manifestaciones de la gracia de los inmortales. Y, sin embargo, no son más que un «signo» que descifra el mundo y conduce de nuevo al Cielo.

De hecho, en un principio la revelación fue escrita por los dioses no en caracteres humanos sino de jade, trazados sobre tablillas de oro, y conservada en los paraísos. Transmitida de divinidad en divinidad a millares de seres cósmicos, finalmente fue revelada a los hombres en la escritura que les es propia, medio inferior y limitado. De ahí que el texto sagrado pase de maestro a discípulo como un tesoro, porque conserva aún, oculta en símbolos gráficos más oscuros, la luz del conocimiento divino. Los escritos han sido dictados y deben pronunciarse de forma perfecta y, haciéndose eco de la recitación terrenal, son cantados también en los cielos.

Más que dominar a las divinidades con los gestos rituales, el adepto debe unirse a ellas en una plegaria espontánea, y así los dioses lo alimentan con los efluvios divinos ayudándole en su ascesis y le entregan las llaves de los reinos celestiales. La doctrina promete a los adeptos que entrarán en el Cielo de la Suprema Pureza, habitado por «hombres verdaderos», un paraíso mucho más espléndido y glorioso que el antiguo mundo de los inmortales.

Los ejercicios de plegaria se subliman a menudo en estados de exaltación luminosa, en la que el adepto se abandona a sí mismo. En estado de éxtasis se eleva hasta el paraíso de las estrellas de la Osa y ejecuta los «pasos de Yu», la danza mística que traza un recorrido por las estrellas. Es el «camino sobre el vacío», un tema muy querido por los poetas chinos, que revive la unión y la separación de yin y yang, de cielo, tierra y hombre. Del mismo modo que Taiyi, la divinidad suprema, con sus pasos divide el aliento y lo distribuye en las formas del mundo, así también en los pasos de esta frágil y sublime danza astral el adepto asciende al cielo, de lo múltiple a lo Uno.


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