Lao Tsé
La única figura divina dotada de características «personales» es Lao Tsé divinizado. Desde mediados del siglo II d.C., Lao Tsé encarna el modelo de perfección espiritual del taoísmo y se eleva a una dimensión cósmica. Toda su leyenda es una mezcla de metáforas. Lao Tsé es el «cuerpo del tao», masculino y femenino, que vive transformándose sucesivamente y, sin embargo, permanece idéntico, porque sus formas, según la tradición, son las fases de un ciclo que se autoperpetúa. Del Uno Auténtico proceden los Tres Alientos primordiales; los tres Alientos se unen y dan forma al Viejo Señor, que a su vez se transforma en el cuerpo de la Madre Li, en cuyo seno cuaja una Perla que crece y se convierte en el cuerpo de Lao Tsé, el Uno Auténtico. También es denominado el «Viejo niño», porque precisamente cuando nace, tras ochenta años de gestación, está próximo a la muerte, según la misma lógica paradójica de los inmortales, que al llegar a la vejez consiguen reproducir en sí mismos la condición de un feto en el útero. Por esto no mueren, porque han sabido unir el inicio con el fin, y han cerrado el círculo del tiempo.