La dieta del Dr. Dukan

 

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Los inmortales

Las páginas del Zhuangzi fijaron la imagen de los inmortales, una visión luminosa de libertad que inspirará todas las hagiografías. Los inmortales viven en las montañas sagradas de los mitos; su piel es blanca como la nieve y el hielo, los huesos son como el jade, el rostro resplandeciente, una aureola rodea su cabeza, todo su cuerpo irradia luz. Son dulces y delicados como vírgenes.

Se alimentan de viento y beben el rocío. Aparecen y desaparecen, fundiéndose con el ambiente de tal modo que no pueden distinguirse de él. «Hundiéndose en la tierra» mágicamente o «ascendiendo al cielo» en pleno día. Gracias a su total integración en el cosmos, vuelan libres sobre las nubes o a lomos de un dragón hasta los cuatro puntos del universo y pasean más allá de los océanos. Se transforman en las infinitas formas del tao y su cuerpo no se deteriora. Son los «hombres auténticos», los «santos» taoístas.

Entre las figuras más famosas de inmortales la tradición venera a Xi Wangmu la Reina Madre de Occidente, la Muchacha de Jade de la Luminosidad Oscura, madre y esposa del Señor del tao, figura huidiza y enigmática, guardiana de la inmortalidad y reina de la muerte; le siguen los tres hermanos Mao, ermitaños en la montaña que lleva su nombre; Pengzu, el anciano de 800 años; los Ocho inmortales, patronos de algunas clases sociales y muy venerados por el pueblo, hasta el punto de que la tradición literaria los convirtió en héroes, aunque dibujados con una cierta vena humorística, muy propia del taoísmo.

Los inmortales vencieron al tiempo y sus secretos en un juego sutil y paciente. El sabio taoísta sabe que durante los ciclos temporales se producen a veces «períodos ocultos», momentos de conjunciones extraordinarias que originan fisuras en el ritmo regulado del tiempo. Los inmortales supieron descubrir estas brechas, tuvieron el valor de atravesarlas, pasando de nuestro tiempo exterior, que conduce a la muerte, al tiempo interior, que está regulado por otra temporalidad y conduce a la regeneración. Por esto pueden ver el futuro.

Tienen el don de la ubicuidad, y la gente los venera e invoca su presencia. En efecto, allí adonde llega un inmortal reinan espontáneamente la salud corporal y la prosperidad de las cosechas, porque él conoce los secretos de la naturaleza y es capaz de restaurar la armonía y de curar. Pero según las antiguas leyendas, los inmortales residen en lugares paradisíacos, que la especulación más tardía imaginó gobernados por una tríada divina y por una jerarquía celestial: el Penglai, la isla feliz más allá del horizonte marino, o el altísimo Kunlun, envuelto en el silencio, cuya cima llega hasta la estrella polar y cuya base está fijada a los infiernos.

Es posible captar su presencia en algunas famosas montañas sagradas, meta de peregrinaciones. Pero el sabio taoísta no tiene necesidad de moverse: en el recogimiento de su estancia recuerda los pasajes del Zhuangzi y las antiguas peregrinaciones del Maestro a los confines del universo, más allá de los cuatro mares, y así como los chamanes volaban por el mundo de los dioses o de los muertos, así como los antiguos soberanos daban la vuelta al mundo para poner orden en el espacio y afirmar el poder real, así también el sabio viaja en meditación hacia estos lugares extremos y maravillosos del cosmos gracias al conocimiento de los mapas iniciáticos del universo, de los sonidos esotéricos, de los nombres secretos de dios, que le abren los ojos del interior.


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