La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

La Vía de los Maestros del Cielo

linea

No se puede hablar de una «iglesia» taoísta fuerte y unitaria, que a lo largo de los siglos haya desempeñado el papel de defensa de la ortodoxia doctrinal y ritual. Las comunidades locales, aunque estaban vinculadas unas con otras, siempre gozaron de una gran autonomía.
La primera tradición de culto taoísta de la que tenemos noticias ciertas es la del Tianshitao, la Vía de los Maestros del Cielo. Cuando se desmoronó la organización aristocrática de la dinastía Han, apareció la organización religiosa local, que hasta entonces se había mantenido al margen de la vida oficial. Las comunidades rurales, sobre todo en las regiones de Sichuan y de Shaanxi, fueron administradas por hombres y mujeres ordenados en el movimiento de los Maestros Celestiales que, impulsados por el ideal de la nueva aparición en la tierra de Laozi (Lao Tsé), supieron garantizar la libertad y la paz en su territorio.
En el año 142 d.C, Zhang Ling, más conocido como Zhang Taoling, anunció que Taishang Laojung, es decir, Laozi (Lao Tsé) divinizado, se le había aparecido en el monte Heming para revelarle el inminente comienzo de una nueva era, de un nuevo orden cósmico en el que prevalecería el verdadero tao, y para confiarle la misión de predicar, en calidad de vicario suyo, una nueva doctrina «correcta y unitaria», destinada a liberar al mundo. Solamente los que se unieran a la alianza con los poderes de los inmortales taoístas, sólo los elegidos, los «puros», sobrevivirían a la catástrofe del viejo mundo. Ellos serían el «pueblo semilla» de la nueva era.
Las antiguas «diócesis» estaban situadas en las montañas sagradas, y tres veces al año las familias de los fieles se reunían allí para celebrar sus asambleas (las tres «administraciones», del Cielo, de la Tierra y del Agua) llevando cinco moyos de arroz que constituían una reserva de alimentos colectiva; de ahí el nombre de wudoumitao, el «tao de los cinco moyos de arroz» con el que también se conoce este movimiento.
Los templos servían además de refugio para los campesinos en caso de guerras, desastres naturales o carestías.
Entre los años 424 y 448, Kou Qianzhi emprendió la renovación del movimiento y consiguió que fuera conocido en la corte de los Wei del norte. Con él, los Maestros del Cielo dejaron de estar vinculados únicamente al mundo rural y comenzaron a propagar sus enseñanzas por los ambientes cultos de la capital. La nueva tendencia de Kou Qianzhi, que decía haber recibido una revelación del maestro Lao, estaba influida por el ideal confucianista de una sociedad ordenada jerárquicamente, de una clase gobernante respetuosa con los ritos, sensible al rigor moral, capaz de dar comienzo a la era de la «gran paz». En el canon se conserva su obra, el Laojung Yin-song Jiejing que, difundida por todo el imperio por deseo de la nueva dinastía, de hecho dio lugar a un nuevo código de los Maestros taoístas. Hacia el siglo VIII, la familia Zhang, que operaba en el templo de la montaña sagrada de Longhu, se proclamó la única heredera de la tradición, y nació así una forma de organización centralizada gestionada por un poder de carácter hereditario. Al final de la época de las Seis Dinastías (420-589) se redactó una gran compilación de textos de los Maestros del Cielo, el Zhenyi Fawen, completada más tarde bajo los Tang (618-907). En el siglo xi todavía había templos dedicados a los santos más populares —entre los que se contaba el fundador, Zhang Taoling—, y las hagiografías conservaban viva su memoria exaltando sus prodigiosas virtudes.
Los adeptos, hombres y mujeres, tras un período de aprendizaje ritual y de estudio de la doctrina mistérica, eran ordenados maestros y recibían con gran solemnidad los escritos sobre los ritos y las fórmulas sagradas, los manuales para la correcta meditación y, por último, un «registro» que definía cuál era su rango en la jerarquía tanto terrenal como celestial y donde constaban los espíritus que podía evocar y los nombres y las vicisitudes de los fieles. El registro tenía el valor de un precioso talismán transmitido a través de generaciones, puesto que sancionaba «oficialmente» un vínculo entre fieles, maestro y divinidades que presidían el destino.
Los maestros no practicaban el celibato; vivían en familia, desempeñaban un trabajo y participaban en la vida diaria de la comunidad. Oficiaban los ritos del pueblo, enseñaban la doctrina comentando el Taodejing y curaban a los enfermos con las técnicas de la sabiduría médica taoísta y las formas de exorcismo. Una de las características más destacadas del movimiento es la primacía otorgada a la actividad ritual; a lo largo de los siglos, los maestros utilizarán preferentemente el simbolismo del lenguaje litúrgico, cargándolo de expresiones de elevada complejidad, para transmitir su propia visión religiosa, confirmar sus valores y realizar las técnicas de la inmortalidad.
El templo pertenecía a toda la comunidad: era un lugar de recogimiento y de purificación donde los taoístas se comunicaban con los inmortales y con las otras divinidades del tao ofreciéndoles incienso. El incensario, con forma de una montaña sagrada, era, y sigue siendo, el punto central de todo el rito. A menudo aparece también un altar dedicado al numen tutelar de la región, que en otros tiempos era la divinidad protectora del pueblo. La tradición taoísta lo ha aceptado con toda naturalidad en su panteón, reinterpretando su figura y perpetuando su culto humilde y antiguo.
En la época en que se constituía la corriente de los Maestros del Cielo, en las provincias del noroeste de China se estaba afirmando otro movimiento taoísta, el Taipingtao. Semejante al Tianshitao en cuanto a su estructura organizativa radicada en los pueblos, estaba impulsado por una visión mesiánica de salvación universal
mucho más fuerte. Su fundador, Zhang Jue, insistía en la urgencia de una definitiva conversión interior a los ideales del tao e, inspirándose en la antigua utopía china, predicaba el sueño de un retorno a la mítica edad de oro de los gobernantes sabios. En el año 184 incitó a la revolución para derribar a la decadente dinastía Han, conquistar el poder imperial e instaurar un mundo de perfecta paz (taiping), de sabiduría y de igualdad. Murió poco después de enfermedad, y sus seguidores, los «Turbantes amarillos», fueron derrotados y se integraron en la organización de los Maestros del Cielo, que se habían unido a la rebelión. De nuevo fueron derrotados, y Zhang Lu, que estaba a la cabeza del movimiento rebelde, se sometió en el año 215a Cao Cao, reconociéndole como nuevo soberano. Tras haber apoyado a la nueva dinastía, el movimiento de los Maestros del Cielo obtuvo el reconocimiento y la legitimación imperial.


Volver al índice de Historia de las Religiones