La dieta del Dr. Dukan

 

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Yin y yang y las Cinco Fases

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El cambio es el resultado de la interacción entre los dos aspectos antitéticos y complementarios del tao: yin y yang. Son cualidades de las formas de vida, modalidades de todos los seres, que se expresan en un esquema de relaciones clasificatorias: yin es a yang como lo femenino es a lo masculino, como la oscuridad es a la luz, como el frío al calor, lo pasivo a lo activo, la potencialidad a la realización, lo interior a lo exterior. Principios de lo diverso y de lo múltiple, son también testimonios de la unidad. Se generan y se anulan, en una visión dinámica de la realidad.

El eterno devenir viene dado por su alternancia, por el dominio alterno del uno sobre el otro, con un impulso cíclico sin descanso: cuando uno se expresa en su totalidad ya genera su contrario. Es el principio ilustrado por el símbolo muy conocido del círculo dividido en dos partes que se envuelven en una espiral de expansión y contracción. La progresión del universo está equilibrada continuamente por una dinámica de regresión.

Es una forma de razonamiento típica del taoísmo, según la cual los opuestos son relativos y de igual valor, y un polo se transforma con el tiempo en su contrario. El sabio taoísta sabe ver la sombra en el mediodía, lo femenino en lo masculino, la fuerza en la debilidad.

La tradición sapiencial de Occidente ha estado dominada por oposiciones muy fuertes, como Dios/mundo, alma/cuerpo, realidad/apariencia, bien/mal, en las que el primer término siempre es ontológicamente superior al segundo. Y mientras el significado del segundo no puede ser analizado ni comprendido plenamente sin recurrir al primero, el proceso inverso no se ha considerado legítimo. En cambio, en el pensamiento chino cada uno de los dos polos conceptuales, yin y yang, depende del otro y exige al otro para ser comprendido.

En el pensamiento taoísta se distinguen cinco fases —Madera, Fuego, Tierra, Metal y Agua— como especificaciones posteriores inherentes a los elementos de la naturaleza, como «agentes» que fundamentan la variedad de formas del mundo. Combinadas con el yin y el yang crean un esquema de mucha mayor complejidad, que clasifica todo lo real y enmarca todas las cosas en un sistema dinámico de correspondencias.

La lógica clasificatoria no es estática, sino que constituye una cadena politética: igual que el yin y el yang, también las Cinco Fases se compenetran, se originan recíprocamente en el mismo ritmo cíclico. Se destruyen para regenerarse. La Madera produce el Fuego, pero a su vez es conquistada por el Metal.

El Fuego crea la Tierra, pero es absorbido por el Agua; la Tierra genera el Metal, que a su vez es conquistado por el Fuego, y así sucesivamente. El ciclo vital del universo está regulado por el juego de equilibrios cambiantes, en el que las diversas fuerzas que lo animan nunca se mantienen estáticas; las energías regresan a su estado original para comenzar un nuevo cambio, en una alternancia equilibrada de alianzas y antagonismos, de afinidades y oposiciones, de creación y destrucción.

El pensamiento taoísta siempre se ha centrado en la relación entre lo uno y lo múltiple y las articulaciones en las que esa relación se expresa.

Desde la antigüedad, los principios de la doctrina yin-yang y de las Cinco Fases proporcionaron al taoísmo su base teórica y su terminología. La formalización definitiva de este sistema fue llevada a cabo durante la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.).


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