El monacato
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El monacato es una forma especial de vida, que implica un cierto grado de aislamiento y de separación de la sociedad (etimológicamente, «monje» significa precisamente «solitario»), a través de la renuncia a la vida normal de familia y de trabajo, para dedicarse a la práctica de una disciplina especial destinada a alcanzar un objetivo religioso específico, más elevado y perfecto que los alcanzados normalmente por los otros seguidores de la religión a la que pertenecen.
La vida monástica se manifiesta en dos modalidades fundamentales: la eremítica, en la que los monjes llevan una vida solitaria y aislada, asentándose en un lugar fijo y solitario (la ermita) o desplazándose constantemente (monjes itinerantes); y la cenobítica, en la que grupos de monjes más o menos numerosos llevan una vida comunitaria, viven en un mismo edificio (el monasterio) y desarrollan ciertas actividades en común (oraciones, trabajo, estudio, etc.).
La vida monástica se caracteriza por diversas prácticas ascéticas, más o menos radicales, que subrayan la separación y alejamiento del mundo; generalmente, incluyen la renuncia a la práctica de la sexualidad (castidad) y a la posesión de bienes en propiedad, una limitación en el uso de la palabra (silencio monástico), del descanso nocturno y de la cantidad y calidad de los alimentos y bebidas que consumen.
Estas prácticas ascéticas muchas veces van acompañadas de largos e intensos períodos de oración y meditación. Un fenómeno vinculado con frecuencia a la vida monástica es el del discipulado: los aspirantes a monjes se ponen bajo la guía de un maestro espiritual, que les orienta en el difícil camino hacia la consecución de un ideal religioso de perfección. A menudo los monjes legitiman y confirman la validez de las doctrinas que profesan y de las prácticas que realizan apelando a sus maestros y a los maestros de sus maestros, con lo que se crean unas líneas de tradición que normalmente se remontan hasta el fundador.
El acceso a la vida monástica está regulado por lo común por unos ritos especiales de iniciación y de ordenación, que pueden incluir un período más o menos largo de aprendizaje (noviciado) y la profesión de votos específicos (generalmente, castidad, pobreza y obediencia). La pertenencia a un determinado grupo monástico se distingue por la adopción de un hábito especial, que puede ir acompañado de determinados signos corporales.
Ya en la India védica y brahmánica había algunas formas de vida monástica, pero fue sobre todo en el seno del budismo y del jainismo (siglo VI a.C.) donde se desarrollaron las experiencias monásticas más características. Más tarde, a través del budismo, el monacato se extendió por toda Asia y en su versión lamaísta llegó a obtener el poder político en el Tibet. También se han atestiguado formas de monacato entre los maniqueos, que las reservaban a los elegidos; y en la tradición islámica, especialmente en el sufismo. En la tradición hebrea, aparecen documentadas algunas formas de vida monástica, en los primero siglos de la era cristiana, entre los terapeutas en Egipto (mencionados por Filón de Alejandría) y entre los esenios de Qumran.
En el monacato cristiano confluyeron elementos ascéticos desarrollados por la filosofía greco-helenística e ideales religiosos propios de la tradición judía, interpretados a la nueva luz del mensaje cristiano.