La dieta del Dr. Dukan

 

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Introducción al maniqueísmo

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El maniqueísmo es una religión gnóstica universalista, que debe su nombre a su fundador Manes. Lo que la distingue de otras religiones fundadas, como el cristianismo o el Islam, es la voluntad de Manes de fundar una religión que, a diferencia de las religiones fundadas que le habían precedido —el zoroastrismo, el budismo y el cristianismo—, calificadas explícitamente por él de antiguas, no incurriera en algunos errores que, en su opinión, habían caracterizado la acción de sus respectivos fundadores y que consistían básicamente en la ausencia de una tradición fija referente a la doctrina y a la práctica del culto.

Por eso Manes —hecho insólito en la historia de las religiones de la antigüedad— creó su propio canon de Sagradas Escrituras, destinado a constituir el fundamento de su propio mensaje, a cuya fijación dedicó la máxima atención. Unida al genio organizativo del fundador que, a diferencia de las camarillas gnósticas coetáneas de las que derivaba la esencia gnóstica de su mensaje de salvación, introdujo este anuncio en una sólida estructura de iglesia, esta tradición escrita demostró ser un poderoso factor de identidad, que permitió al maniqueísmo mantenerse durante siglos en un área geográfica muy extensa, que va desde el norte de África al Turkestán chino.

Otro rasgo distintivo del mensaje redentor de Manes es la peculiaridad de su vocación universalista, caracterizada por el original intento de vincular las tradiciones religiosas de Oriente (de Irán a la India) con las de Occidente (judaísmo y cristianismo). Este proceso de síntesis se vio favorecido por el hecho de que el maniqueísmo nació en un ambiente religiosa y culturalmente heterogéneo, una especie de crisol cultural donde coexistían e interactuaban desde hacía siglos las más diversas tradiciones religiosas de la antigüedad; efectivamente, esta región estaba atravesada por las rutas comerciales que unían Occidente con Asia, tanto la llamada Ruta de la Seda como, más al sur, la que conducía al golfo Pérsico y a la India (que también siguió Manes en sus viajes misioneros).

Manes supo fundir elementos tomados de estas diferentes tradiciones en una síntesis original que, por una parte, dificulta, por no decir que imposibilita, la búsqueda de los «orígenes» de los distintos materiales religiosos utilizados por él, y por otra parte, hace que resulte obsoleto e incluso descaminado explicar el resultado de este proceso recurriendo a categorías como «herejía» (zoroástrica, cristiana), con demasiadas connotaciones teológicas, o «sincretismo», puesto que toda religión es, a su modo, sincrética.

En las fuentes hallamos distintas variantes de autodefinición de esta religión, de acuerdo con su vocación universalista y con la invitación de Manes a «adaptar» el mensaje a las diferentes situaciones culturales y religiosas. Una definición característica, que recoge su esencia íntima de religión dualista, es la de «doctrina de los dos principios y de los tres tiempos», ya que, como hemos recordado, con ella se ponen de manifiesto dos conceptos esenciales de este tipo de religión: el dualismo radical de luz y tinieblas, y el curso de la historia universal marcada por su mezcla.

El núcleo del mensaje redentor de Manes es propiamente gnóstico y gira en torno a la idea de que el conocimiento lleva a la salvación. Se trata, por supuesto, de un conocimiento de tipo gnóstico, una anamnesis gracias a la que el individuo es capaz de recordar y con ello de reconocer que su alma, que coincide con sí mismo, es una partícula de luz consustancial con el Dios trascendente.

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