La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

El mito maniqueo

linea

El mito maniqueo se basa en la doctrina de los dos principios y de los tres tiempos, que afirma que desde los orígenes las dos fuerzas, Bien y Mal, se oponen manteniéndose separadas, mientras que en nuestro mundo decadente se encuentran mezcladas, y así será hasta que, al final de los tiempos, se separen definitivamente.
El primer tiempo es el de la separación radical de la Luz y de las Tinieblas, principios eternos y no engendrados de los dos mundos.

El Reino de la luz, que está en lo alto, es la casa del Padre de la Grandeza. El soplo del Espíritu expande luz y vida sobre los cinco elementos que constituyen este dominio, y sobre los doce espíritus que lo habitan. Abajo se encuentra el Reino de las tinieblas: cinco abismos superpuestos presididos por cinco arcontes con formas de demonio, de león, de águila, de pez y de serpiente. Al frente de este reino está el príncipe de las tinieblas, cuyos rasgos son la bajeza, el hedor, la fealdad, la amargura y los celos: es el reino de la materia, del error, de la mentira.

El primer momento del tiempo medio es el del Hombre primordial, llamado a defender el Reino de la luz del ataque de las fuerzas del príncipe de las tinieblas. En el transcurso de esta gigantesca batalla cósmica el Padre de las luces evoca a la Madre de los seres vivos y, por emanación, hace que surja el Hombre primordial, su propia alma, que dirige la lucha con la ayuda de sus cinco hijos: el aire, el viento, la luz, el agua y el fuego. Herido, el Hombre primordial cae entre los arcontes del mal: es el origen mítico de la mezcla de luces y tinieblas, la caída del resplandor divino en la materia.

La liberación del Hombre primordial constituirá el prototipo de la salvación. Esta liberación la lleva a cabo el Espíritu viviente, amigo de la luz y gran arquitecto, que, junto con sus cinco hijos (la Gloria del esplendor, el Rey de honor, Adamas-luz, el Rey de gloria, el Homóforo), llega hasta los límites del reino de las tinieblas y lanza el grito de salvación. El Hombre primordial responde; el Espíritu viviente le tiende entonces la mano y hace surgir junto al Padre este «salvador-salvado», modelo de la salvación de las almas.


El segundo momento del tiempo medio es el de la creación efectuada por el Espíritu viviente, que castiga a los arcontes, los encadena y los despedaza. Con su piel construye la bóveda celeste, con los huesos crea los montes, con la carne y los excrementos fabrica la tierra. Este demiurgo creador libera luego una parte de luz con la que crea el sol, la luna y las estrellas. Para liberar más luz, el Padre de la Grandeza envía al Tercer Enviado, Virgen de luz, que tienta a los arcontes y los excita. Su semen cae sobre la tierra y crea la vegetación y los árboles, a los que sigue la creación de los animales. Nace, por último, la primera pareja humana, Adán y Eva: obra de los demonios, son criaturas de la mezcla.


Comienza el tercer momento del tiempo medio: el tiempo de los mensajeros gnósticos. El Padre emana a Jesús, el resplandor, un ser trascendente y cósmico que transmite a Adán el mensaje liberador y crea el Gran Pensamiento y sus doce dia-docos, Llamada y Escucha. El mensaje es la Gnosis, hija del Gran Pensamiento. Se suceden sus mensajeros: Sethel hijo de Adán, Enosh, Enoch, Sem hijo de Noé, Abraham, Zaratustra, Buda, Jesús (-> Jesús en el maniqueísmo), que vino a este mundo bajo apariencia humana y prometió el envío del Paráclito, que coincide con la llegada del propio Manes.


Se inicia entonces la última fase del tiempo medio, la destinada a la liberación de las últimas partículas de luz que permanecen prisioneras del cosmos. Pero para que esto ocurra de forma definitiva, habrá que esperar el tiempo del final. Entonces, tras una última y definitiva batalla, Jesús comparecerá como juez, separando a los salvados de los condenados y provocando la derrota definitiva de las fuerzas del mal, que serán depositadas en un gran montón (bolus) e inhabilitadas para siempre.

Volver al índice de Historia de las Religiones