Doctrinas fundamentales
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Dios, ángeles, espíritus
La fe en Dios es el núcleo del Islam: la religión islámica se distingue por su radical teocentrismo y, viceversa, por la sumisión sin límites a Dios y a su voluntad. «No hay otro Dios fuera de Dios»: en esta fórmula se resume básicamente el credo islámico. Mahoma la repite continuamente para subrayar su carácter fundamental.
Desde un punto de vista histórico, las cosas adquieren un aspecto ligeramente distinto. Ante todo, la fe monoteísta indudablemente no era desconocida en el ambiente en que se formó Mahoma, que estuvo en contacto con judíos y cristianos. Por eso sorprende que en las partes más antiguas del Corán, relativas al anuncio inicial de Mahoma, no aparezcan afirmaciones sobre Dios, otras divinidades o el mundo de los espíritus. Los pasajes más antiguos —muchas suras breves, rítmicas, escritas siguiendo el estilo de los profetas preislámicos— no contienen ninguna referencia a Dios ni ninguna indicación de que sean mensajes de la divinidad. Las primeras revelaciones que mencionan al Dios de Mahoma se refieren a Él solamente como al «Señor». Más tarde, Él comenzó a ser definido como «el Misericordioso». Aproximadamente en el mismo período, se introdujo en la revelación el nombre de «Alá», conocido por los politeístas de la Meca anteriores a Mahoma.
Las siguientes partes del Corán, por orden cronológico, proporcionan los elementos de una rica teología, a partir de la utilización de una amplia variedad de epítetos divinos, como por ejemplo los que aparecen en el siguiente pasaje litúrgico al final de la sura LIX:
Él es Dios: no hay ningún otro Dios fuera de Él.
Él es el Conocedor de lo invisible y de lo visible.
Él es el Misericordioso, el Compasivo.
Él es Dios: no hay ningún otro Dios fuera de Él.
Él es el Rey, el Santo, el que otorga la paz, el Fiel,
El Custodio, el Poderoso, el Dominador, el Sublime.
Gloria a Dios, Él está por encima de lo que (a Él) asociamos.
Él es Dios: el Creador, el Hacedor, el Formador.
A Él pertenecen los nombres más bellos.
Todo lo que hay en el cielo y en la tierra lo glorifica.
Él es el Poderoso, el Sabio.
La lista completa de los «bellísimos nombres» divinos incluye noventa y nueve, que los musulmanes piadosos invocan mientras desgranan entre los dedos las cuentas de una especie de rosario.
La doctrina de que «Dios es uno» es tan dominante en las partes más modernas del Corán que hace olvidar el hecho de que las partes más antiguas revelan la presencia de otras divinidades, como recuerdo del politeísmo característico de las religiones de la Arabia preislámica: las tres diosas a las que se rendía culto en la Meca en la época de Mahoma (al-Lat, al-'Uzza y Manát) aparecen citadas con sus nombres en la sura LIII,19-20. En las distintas revisiones de esta sura, las tres diosas fueron inicialmente aceptadas como intercesoras de Dios, más tarde como ángeles y, por último, como simples nombres inventados por los antepasados de los habitantes de la Meca.
A partir de los datos de la revelación coránica, las distintas escuelas musulmanas reflexionaron más tarde sobre los aspectos esenciales de Dios: su unicidad y la unidad interna de su esencia. La unicidad se destaca tanto para diferenciar al Dios del Islam de los dioses del politeísmo como para distinguirlo del Dios de los cristianos: aunque el Corán subraya la importancia de la misión profética de Jesús, niega su naturaleza de Hijo de Dios, porque iría en contra de la unicidad de Dios (con mayor razón se rechaza la doctrina de la Trinidad).
La obra de Dios es, ante todo, una obra creadora. La creación del mundo, así como la creación del hombre, está descrita detalladamente en el Corán. También se destaca su acción providencial, que se manifiesta asegurando el bienestar de sus criaturas, determinando el destino del hombre, encargándose de atender a sus vidas y, por último, desempeñando con misericordia la función de juez.
El Corán, igual que las escrituras de los judíos y de los cristianos, sitúa entre Dios, Y el hombre criaturas espirituales intermedias: ángeles, demonios y ginn. Los ángeles aparecen citados con frecuencia en el Corán, que los describe como criaturas aladas que se mueven entre el cielo y la tierra en calidad de intermediarios entre Dios y los hombres. Creados para adorar al Señor, son el modelo perfecto de la obediencia debida a El, a quien glorifican incesantemente y sirven de distintas formas. Una de sus principales funciones consiste en llevar a los hombres mensajes de parte de Dios. Incluso la revelación es transmitida a los enviados por los ángeles, especialmente por Gabriel, el único que aparece con su nombre en el Corán junto con Miguel y Malik, el guardián del infierno. Otra importante misión confiada a los ángeles es la de anotar las acciones humanas en registros hechos al efecto, que serán presentados a cada uno el día del Juicio.
En el Corán no se afirma que los ángeles tengan la misión de custodiar a los hombres, pero aparecen intervenciones suyas a favor de los creyentes, e incluso pueden llegar a intervenir a su lado en las guerras contra los infieles.