Prácticas fundamentales
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Existen cinco prácticas fundamentales, conocidas como los «pilares» del Islam. Son la shaháda o profesión de fe, la salát o plegaria ritual, la zakát o limosna ritual, el sawán o ayuno y, por último, la hagg o peregrinación. Todas esas prácticas están prescritas por el Corán, pero ninguna aparece descrita en él de forma detallada. En los tres primeros siglos de la era islámica estas prácticas fueron reguladas rigurosamente por la ley. En cuanto a las estrictas modalidades de observancia, existen diferencias entre sunníes y chiítas, y entre las cuatro escuelas jurídicas. Además hay que tener presente que estos actos de culto no se basan en convenciones humanas, sino en disposiciones divinas explícitas, y, por tanto, se trata de «derechos de Dios». De ahí que en el Islam, al margen de las diferencias de culto que se han ido estableciendo en sus diferentes ramas, teóricamente no exista la posibilidad de una reforma litúrgica.
Los períodos de observancia de las prácticas anuales, sobre todo el ayuno durante el mes del ramadán y la peregrinación a la Meca, están establecidos por el año lunar islámico, instituido por Mahoma en los últimos años de su vida. Una año lunar (doce revoluciones de la luna en torno a la tierra) dura aproximadamente 354 días, es decir, once días menos que el año solar. De ahí que el comienzo del año islámico y de todas las «festividades anuales se retrase, respecto del año solar, una estación cada ocho años y un año entero cada treinta y dos años y medio aproximadamente.
La shaháda
El primer «pilar» del culto musulmán es la profesión o confesión de fe, es decir, la enunciación de las dos verdades fundamentales del Islam: la unidad y la unicidad de Dios y la misión profética de Mahoma, según la fórmula: «No hay más dios que Alá y Mahoma es el enviado de Alá (La iláha illa Alláh wa Muhammad rasül Alláh)». Es suficiente proclamar esta confesión de fe ante testimonios para convertirse al Islam.
La salát y la oración del viernes
La práctica islámica más antigua es la oración diaria o salát. Hasta unos años después de la égira del 622, parece ser que Dios sólo se la exigió a Mahoma, y sólo se realizaba dos veces al día: al amanecer y a la puesta del sol. Más tarde, en Medina, la práctica de la oración se exigió .a todos los musulmanes y se añadió una tercera plegaria, intermedia, probablemente siguiendo el ejemplo de los judíos que rezaban tres veces al día. En Medina, Mahoma estableció además la oración del mediodía del viernes. En los primeros tiempos después de la égira, los musulmanes se volvían hacia Jerusalén para rezar, tal como hacían los judíos. Más tarde, en la época de la llamada «ruptura con los judíos», se cambió la orientación de la oración (qibla) de Jerusalén a la Meca, y así se ha conservado hasta nuestros días. Un siglo después de la muerte del Profeta, el número de oraciones obligatorias quedó establecido en cinco, que había que realizar en momentos determinados del día: por la mañana, antes de la salida del sol, a mediodía, a la puesta del sol y por la noche.
El comienzo del período en que hay que realizar la oración ritual diaria y del período en que hay que acudir el viernes a la mezquita lo anuncia públicamente un personaje perteneciente al servicio de la mezquita llamado muecín (actualmente incluso se difunde por altavoces y se transmite por radio y televisión). El fiel debe
hallarse en estado de pureza ritual, que va acompañado de una ablución ritual menor para las impurezas menores, o una mayor, para las impurezas mayores.
La rigurosa observancia de la salát es obligada para todos los musulmanes, y sus elementos esenciales los prescribe la ley islámica y la práctica habitual. Su ejecución exacta varía de una escuela jurídica a otra, pero existe un acuerdo general sobre trece puntos esenciales: seis fórmulas de recitación, seis acciones o posiciones y la necesidad de que estos doce elementos se desarrollen en el orden prescrito. Existe además un buen número de elementos habituales, recomendados pero no obligatorios, en los que se aprecian notables diferencias entre una y otra escuela. El cuerpo central de la oración lo constituye la llamada rak'a, que comprende las siguientes ceremonias: manteniéndose siempre en la misma posición —se recomienda sujetar la muñeca izquierda con la mano derecha— el fiel recita la primera sura del Corán, lafátiha: «En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo. Alabado sea Dios, el Señor de los mundos, el Misericordioso, el Compasivo, el Soberano del Día del Juicio. Sólo a Ti debemos servir; sólo a Ti debemos pedir ayuda. Guíanos por el recto camino, por el camino de aquellos que Tú has bendecido, no por el camino de aquellos contra quienes has dirigido tu ira ni tampoco de aquellos que se han descarriado», que acaba con el amín (correspondiente al «amén» judío y después cristiano), y luego añade normalmente dos versículos del Corán; dobla el cuerpo hacia adelante de modo que las palmas de las manos lleguen a la altura de las rodillas; endereza de nuevo el cuerpo en posición de pie; después realiza la postración, de manera que primero las rodillas, después las manos y, por último, la frente toquen el suelo; luego se pone de rodillas, con las manos sobre los muslos un poco por encima de las rodillas; después se postra de nuevo y termina así la rak'a. El fiel pasa a las posturas finales: en posición arrodillada debe pronunciar una tras otra la profesión de fe, la plegaria sacramental de bendición para el Profeta y, por último, el deseo de bendición, que consiste en volver la cabeza primero hacia la derecha, pronunciando las palabras «Salam a vos y misericordia a Dios», luego hacia la izquierda, pronunciando las mismas palabras.