Perfil histórico
Los estudios árabes, en sus distintas ramas, se han hecho a partir del Corán, que se ha revelado el motor y el eje en torno al cual han girado dichos estudios, tanto los directamente relacionados con el comentario del texto sagrado, con la aclaración de cada uno de los versículos y con la explicación de su significado, como los relacionados con la deducción, a partir de éstos, de las normas de vida y de comportamiento de la comunidad, o los que han profundizado en el estudio de varios aspectos lingüísticos y semánticos y, finalmente, los estudios de astronomía, matemáticas, física, etc., que tenían en el Corán su punto imprescindible de referencia y de partida.
La génesis y la evolución de las ciencias islámicas, como la exégesis, la recopilación de las tradiciones, el derecho y la teología, han avanzado, pues, paralelamente al desarrollo de los estudios lingüísticos y literarios. En conjunto, experimentaron también la influencia de los distintos entornos en los que el Islam se iba difundiendo con sorprendente rapidez. La impresionante expansión política del imperio musulmán estuvo acompañada por un no menos rápido y significativo desarrollo del pensamiento en general y del religioso en particular, que, además de en el Corán, se inspiró también en los elementos de la cultura árabe preislámica con los que la predicación de Mahoma había mantenido sabiamente vínculos de continuidad.
Junto al estudio del Corán en sus distintas ramas, también se fue desarrollando progresivamente la recopilación sistemática de tradiciones que se referían al profeta y a su época. Paralelamente, se iban diversificando y especializando las funciones de cuantos se dedicaban al estudio de la religión: a los devotos deseosos de conocer mejor la vida de Mahoma y los acontecimientos que rodearon la revelación les sucedieron los expertos en cuestiones jurídicas que, a imitación del profeta y partiendo de las normas establecidas por Dios en el Corán, iban sentando las bases del derecho musulmán, y por último, los teólogos, que pretendían dar uniformidad y coherencia al credo islámico expuesto en el texto sagrado de forma implícita y asistemática.
No es casual que en esta sucesión la ley preceda a la teología: de hecho, se trata de una característica esencial del pensamiento religioso musulmán que, obedeciendo al principio de la trascendencia absoluta de Dios y de acuerdo con la concepción de la religión como adhesión a su voluntad, siempre ha dado más importancia al aspecto jurídico y comportamental que al dogmático y especulativo, siguiendo la sugerencia del propio Corán de aceptar por fe la revelación divina antes que adentrarse en especulaciones peligrosas.
La peculiar naturaleza de la teología islámica aparece ya en su mismo nombre: kalám, «discurso», que se refiere tanto al «discurso» especial de la Palabra divina corno al fin principal de la teología islámica, que es más apologético que especulativo. El kalám, a diferencia de la teología cristiana que pretende ser una reflexión racional sobre el misterio de la fe, no aspira a profundizar con la inteligencia en el dogma musulmán, sino a defenderlo frente a sus adversarios. Un gran teólogo, al-GhazzalI, compara a los teólogos con los guardias armados que escoltan a los peregrinos hasta la Meca con objeto de defenderlos.
Tal como sucedió con la primitiva teología cristiana, que surgió y se afirmó gracias al encuentro con la filosofía griega y sus técnicas racionales de investigación, la auténtica reflexión teológica también surgió y se impuso en el Islam cuando los omeyas trasladaron el centro del imperio fuera de Arabia y establecieron la capital en Damasco. Sin embargo, la teología como disciplina diferenciada del resto de las ciencias islámicas no surgió en realidad hasta la llegada de los abasíes: durante el período de su califato varios factores convergentes contribuyeron a crear un clima cultural favorable al desarrollo de la especulación en todos los campos. Por un lado, los estudios lingüísticos de las escuelas de gramáticos de Basra y de Kufa favorecieron la asimilación de categorías y términos técnicos indispensables para el desarrollo de las elaboraciones y controversias doctrinales; por otro lado, el contacto directo con el pensamiento griego, y especialmente con el aristotélico, proporcionaba nuevos instrumentos de investigación racional. La primera escuela teológica musulmana auténtica, la de los mu'tazilíes, se constituyó precisamente en este período de gran efervescencia intelectual y fue adoptada entre los años 833 y 848 como doctrina oficial por el califa al-Ma'mün. Los mu'tazilíes pueden considerarse en su conjunto musulmanes sinceros que se entregaron a la labor de defender y sistematizar los principios de su fe según las exigencias de la época en que vivían.
Sus posturas pueden resumirse en cinco tesis, la primera de las cuales es la defensa acérrima del principio común de la absoluta unidad y unicidad de Dios. De hecho, se negaban a distinguir entre atributos y esencia de Dios, a fin de impedir que se atribuyera al Creador cualquier multiplicidad y semejanza con las criaturas. La consecuencia más importante de este principio, que les privó de muchas simpatías, fue la negativa a considerar el Corán increado y eterno.
La segunda tesis se refiere a la relación entre Dios y el hombre y, por lo tanto, trata del tema de la justicia. Para que el juicio divino fuera realmente justo era preciso considerar al hombre libre y responsable de sus propios actos. Esto no significaba situarlo en el mismo plano que Dios, aunque la afirmación de la libertad del hombre inevitablemente acababa limitando el poder absoluto divino; por otra parte, se creía que de ese modo se podría exculpar a Dios de la atribución del origen del mal, cuya responsabilidad —como en la teología cristiana— recaería en el hombre por haber hecho un mal uso del don divino del libre albedrío.