La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

Introducción

linea

Definición
En su acepción más amplia, el término «judaísmo» designa la historia del pueblo hebreo en su conjunto, desde sus inicios en la época bíblica hasta el presente; de modo que puede referirse tanto al pueblo hebreo en sus diversas formas históricas, como a la religión y a la cultura de los hebreos. Igualmente, el término «judíos» puede utilizarse tanto para indicar la pertenencia al pueblo como la pertenencia a la comunidad religiosa hebrea. En un sentido más restringido, el término «judaísmo» se utiliza para designar tanto la época del Segundo Templo (515 a.C-70 d.C.) como la época posterior a la destrucción definitiva del templo de Jerusalén en el año 70 d.C., cuando se constituyó el judaísmo rabínico, que desde entonces adquirió el valor de judaísmo normativo. Sin embargo, hay que tener presente que este judaísmo define su propia identidad en la continua exégesis de la Biblia hebrea y de la historia del pueblo hebreo (o pueblo de Israel), narrada en los textos bíblicos, de modo que, tal como haremos en lo sucesivo, es más correcto entender el término en su acepción más amplia, que comprende, además del judaísmo rabínico, que se prolonga hasta nuestros días, también el llamado judaísmo del Segundo Templo (desde el exilio babilonio al año 70 d.C.) y su origen israelita.
Épocas de la historia hebrea
El judaísmo ha sufrido profundas transformaciones a lo largo de su historia milenaria, en la que aparecen algunas interrupciones fundamentales, que pueden servir para efectuar una división general en períodos. El primer período de la época bíblica, que comienza en el n milenio a.C, termina con la caída de los estados independientes de Israel y de Judea y con la destrucción del Primer Templo por obra de los babilonios en los años 587-586. Después del regreso de Babilonia de una parte de los exiliados, comienza la época del Segundo Templo: una época de restauración, en la que se suceden las dominaciones persa, helenística y romana, el comienzo de una amplia diáspora hebrea y el nacimiento, junto al templo, la sinagoga. Tras la destrucción del templo por los romanos en el año 70 d.C., surge en torno a la sinagoga el judaísmo rabínico, que tiene sus centros en Palestina y Babilonia y que con la compilación del Talmud proporciona al judaísmo un nuevo punto de referencia fundamental. Después de la conquista árabe-islámica en el siglo vil, el centro de gravedad de la historia judía se traslada a España. Más tarde, en distintas zonas de Europa surgen movimientos místicos que, tras la expulsión de los judíos de España en el año 1492, prosiguen en Palestina. La presencia de los judíos en el centro y este de Europa, donde el judaísmo desarrollará una cultura propia, va adquiriendo cada vez mayor importancia. Finalmente, con la llegada de la Ilustración y del movimiento de emancipación se somete a una discusión radical la identidad del judaísmo en general y del judío en particular; la pluralidad de respuestas surgida de esta discusión es la que caracteriza al judaísmo contemporáneo, que tiene en Estados Unidos y, a partir de 1948, en el estado de Israel sus centros más importantes.
Características distintivas
Definir el judaísmo es problemático puesto que, tal como se ha venido configurando en su versión rabínica, se trata sustancialmente de una ortopraxis, es decir, de una serie de normas de origen divino que regulan toda la conducta (halakah) del creyente, que el buen judío debe observar si quiere realizarse a sí mismo y conseguir con ello un sistema de justicia en el mundo.
En el judaísmo, religión y pueblo constituyen un binomio indisoluble, hasta el punto de que se ha afirmado que la desaparición del uno provocaría la desaparición del otro, y viceversa. Se trata de dos elementos distintos pero inseparables. El pueblo hebreo está formado por los descendientes de la tribu de Judá que sobrevivieron, cómo grupo separado en la diáspora, durante 25 siglos aproximadamente. El judaísmo es el sistema religioso y, al mismo tiempo, el elemento vital que ha permitido al pueblo hebreo mantenerse y renovarse continuamente, adaptándose al cambio de las situaciones políticas, sociales y culturales. En este proceso se produce una tensión fundamental entre el repliegue sobre sus propias tradiciones, con el consiguiente riesgo de aislamiento o de conflicto con todo lo que no es judío, y el interés por las experiencias culturales de los otros pueblos con los que los judíos de la diáspora han entrado en contacto, con el consiguiente riesgo de asimilación a los modelos culturales dominantes y de pérdida de la propia identidad. Otro punto de tensión, que parece ser el reflejo geográfico de la que existe en el terreno cultural y que se ha convertido en decisiva con la aparición del sionismo, es el que existe entre la «tierra de Israel» (Eretz Israel: con este nombre llaman los judíos a Palestina) y la diáspora. Aunque la tierra de Israel es, según la tradición, la tierra prometida a los judíos, cuando se estableció en el Sinaí el pacto entre Dios y Moisés, y aunque es esta misma tierra el lugar de reencuentro de todos los judíos cuando, en un futuro no precisado, venga el Mesías y dé comienzo la era mesiánica, el judaísmo en realidad se ha desarrollado, sobre todo en la época posbíblica, primero en Oriente Próximo, después en el norte de África, en Europa (desde España hasta Rusia) y, finalmente, en el continente americano (sobre todo en América del Norte). Esto ha supuesto que los centros importantes del judaísmo siempre hayan sido móviles; se han trasladado a menudo, siguiendo y acompañando a una u otra civilización de la diáspora. La doctrina fundamental del judaísmo como religión ha sido identificada generalmente con su  monoteísmo ético y la particular concepción de la historia que de ello deriva. Dios es concebido como omnipotente, creador del universo y capaz de intervenir, además de en la naturaleza, en la historia. Su acción en el mundo tiene un designio salvífico: la elección de Israel, el pueblo elegido, para que sea un ejemplo para toda la humanidad. La llegada de este reino de Dios sobre la tierra, que culminará con la época mesiánica, está vinculada en el presente a la observancia de la Ley, revelada por Dios a Moisés en el Sinaí y condensada en los diez mandamientos. La conducta ideal, desde un punto de vista ético-religioso, es, por consiguiente, la que respeta los mandatos de la Ley, un código de comportamiento que afecta tanto a la vida de cada individuo como a la de la comunidad.
El judaísmo, tanto en su forma rabínica como en sus formas sectarias, se ha mantenido generalmente fiel a estas bases ético-religiosas.

Volver al índice de Historia de las Religiones