Fuentes
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El estado de las fuentes de que disponemos constituye un auténtico rompecabezas de la filología irania, que hace especialmente delicado y controvertido el estudio del zoroastrismo. La mayor parte de las fuentes es relativamente reciente, del siglo IX d.C, cuando fueron redactados, ya durante el período islámico, la mayor parte de los textos religiosos escritos en persa medio, o pahlaví, y verosímilmente el propio manuscrito de base del Avesta, además de un buen número de traducciones del texto avéstico. Muchas de estas fuentes, incluido el Avesta, es posible que se remonten al período sasánida, entre los siglos IV y VI d.C. Es difícil decir hasta qué punto esos textos conservan tradiciones más antiguas, excepto en el caso del Avesta, que se transmitió por tradición oral fidedigna.
El Avesta, compuesto en antiguo iranio, llamado precisamente «avéstico», antes de ser redactado por escrito había sido transmitido oralmente durante muchos siglos por los sacerdotes, como ocurrió con otros textos sagrados. Aunque la tradición zoroástrica, sin ningún fundamento histórico, hace remontar el texto al período de Zoroastro, y aunque existen indicios de una posible versión escrita en el período parto (siglos III a.C.-III d.C.), el Avesta actual procede de una redacción escrita en el período sasánida por sacerdotes que compusieron el canon avéstico, como ocurre con todos los cánones de textos sagrados, seleccionando y excluyendo determinados textos e incluyendo otros. Además, de esta primitiva redacción escrita sólo nos ha llegado una parte, verosímilmente la que está más relacionada con las funciones litúrgicas.
El Avesta comprende textos de naturaleza diversa, como el Khorda Avesta («Pequeño Avesta»), que es un breviario para laicos que contiene las plegarias diarias, o los Yasht («Himnos»), veintiuna composiciones dedicadas a los yazata o «venerables», las distintas entidades a las que era lícito o necesario rendir culto. Pero la parte más importante la constituyen los Gatha o «Cantos», cinco composiciones en verso del Yasna o «Sacrificio» que la opinión tradicional compartida generalmente por los estudiosos atribuye al propio Zoroastro.
Entre los textos pahlavís hay que recordar el Denkard («Obras de la religión»), una enciclopedia en nueve volúmenes (de los que se han perdido los dos primeros y una parte del tercero) que trata de apologética, de moral y de filosofía; el Bun-dahisn («Creación primera»), que trata de la cosmogonía y de las vicisitudes del hombre, de la configuración de la tierra, de la alternancia de las estaciones y del calendario, de las suertes del alma y de la historia universal repartida en doce milenios; el Arda Wiráz Námag («Libro de Arda Wíráz»), en el que, siguiendo el típico modelo apocalíptico, se describe el viaje al Más Allá del justo Wiráz; por último, el Shkand-gumáníg wizar («Solución definitiva de las dudas»), apología del zoroastrismo comparado con el islam, el judaísmo, el cristianismo y el maniqueísmo.