Perfil histórico
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En la base de la historia del zoroastrismo se encuentra una figura enigmática, Zoroastro, cuyo origen, ubicación geográfica y obra apenas podemos reconstruir con certeza teniendo en cuenta las fuentes de que disponemos. A lo sumo estamos en condiciones de afirmar que vivió en un período comprendido entre los comienzos del I milenio y la primera mitad del siglo VI a.C, en una región del mundo iranio oriental.
Según se desprende de los Gáthá, Zoroastro aparece como la figura de un personaje inspirado procedente de un ambiente sacerdotal, un reformador religioso que dota de un fuerte contenido ético a la oposición indoirania entre Asha y Druj («mentira»), rechazando, en nombre de la fe en Ahura Mazda, la religión politeísta y fuertemente ritualista en la que se había formado. El individuo se sitúa ahora ante una alternativa radical, en la que deberá decidir según su propia conciencia y libertad, rechazando el mal para elegir el bien.
La característica esencial del mensaje de Zoroastro es una fe de tipo monoteísta en la soberanía de Ahura Mazda, aunque inscrita en un marco dualista. En realidad, el dualismo zoroástrico no es solamente ético, sino también metafísico: Dios está por encima de todo, pero a él se opone un espíritu maligno, señor del Mal, con su corte de demonios. Aunque al final el Mal será aniquilado, la vida de cada individuo y la historia de la humanidad están marcadas por una lucha sin tregua entre ambos principios.
El primero de los tres imperios iranios que experimentó la influencia del zoroastrismo es el de los aqueménidas, que dominó Irán desde comienzos del siglo VII a.C. hasta la conquista por Alejandro en el año 331, con un territorio que se extendía desde Egipto y Turquía hasta Pakistán. La patria de origen de los aqueménidas era Fars («Persia»), en el suroeste de Irán, donde se encontraban Susa, capital administrativa, y Persépolis, la residencia del soberano. Grandes rivales de los griegos, que los derrotaron en Maratón (490 a.C.) y en Salamina (480 a.C.), los aqueménidas, según sabemos por algunas inscripciones, adoraban tanto a Ahura Mazda, «que hizo el cielo, hizo la tierra, hizo a los mortales, hizo la felicidad para los mortales e hizo a Darío rey» (inscripción de Bisutun), como a otras divinidades.
Por otra parte, la imposibilidad de fechar los textos contenidos en el Avesta hace que resulte problemática cualquier reconstrucción de la religión de este período. De ahí que, ante la ausencia de menciones a Zoroastro atribuibles al período aqueménida, puede decirse que su religión fue zoroástrica en la medida en que aparece un culto a Ahura Mazda. Este culto debió de coexistir con la antigua fe politeísta de origen indoiranio, confiada a sacerdotes conocidos como magoi o magos.
Tras un siglo aproximadamente de dominación griega, tomó el poder una nueva dinastía, los partos o arsácidas (por su fundador Arsaces I), que procedían de las altiplanicies nororientales de Irán, al este del Mar Caspio (246 a.C.-226 d.C.). Dada la escasez de documentación, resulta difícil decir hasta qué punto se mantuvieron fieles a la tradición zoroástrica; de lo que sí tenemos constancia es de un postergamiento de la figura de Ahura Mazda a favor de una antigua divinidad indoirania, Mithra, un dios que más tarde, en tiempos del Imperio romano, tendría una amplia difusión por la cuenca del Mediterráneo y a lo largo de las fronteras del imperio bajo la forma de un auténtico culto mistérico.
La tercera y última dinastía preislámica fue la de los sasánidas, que duró desde el año 226 d.C. hasta la conquista árabe (633-642). Su fundador fue Ardashir, un vasallo de los partos que reinaba en la provincia de Fars, que se propuso restaurar el imperio aqueménida y sus tradiciones religiosas. Con la ayuda del sacerdote Karthir, el zoroastrismo fue restaurado y se convirtió en la religión del estado, anulando regiones rivales como el cristianismo y el maniqueísmo. Fue durante este período cuando se impuso el culto a Ahura Mazda y se reunieron los textos que constituirían el Avesta.
Durante este período surgió la controversia zurvanita. Teniendo en cuenta que en Yasna, se afirma que Ahura Mazda es gemelo de Angra Mainyu, el espíritu del Mal, y que este parentesco ponía en peligro el dominio definitivo del espíritu del Bien sobre el del Mal, se intentó solucionarlo suponiendo que ambos fueran hijos de Zurwán, el dios del tiempo.
También durante el período sasánida surgió el movimiento mazdakista (por el nombre de su fundador Mazdak), que se formó y desarrolló bajo el reinado de Kavád I (488-531). En el mazdakismo coexistían, junto a elementos gnósticos y aspectos de revuelta social, formas de crítica respecto a la fe oficial, que la configuran como una «herejía», una de las sectas y escuelas religiosas que debieron de florecer en el Irán sasánida tras la aparente solidez de la iglesia oficial. La herejía de Mazdak propondría que a la divinidad suprema no había que atribuirle el carácter de una divina providencia, y que toda la existencia debía explicarse como una combinación, totalmente fortuita, de luz y tinieblas. La doctrina mazdakista acerca de la eficacia y valor simbólico de las letras y los números debía de caracterizarse además por algunos rasgos esotéricos y mágicos.
Mazdak, tras un primer período en que gozó del favor del rey Kavád I, fue abandonado a su suerte, como consecuencia de la reacción desencadenada por parte de la aristocracia y del clero, que se sentían amenazados por ciertas doctrinas sociales de Mazdak, como la que defendía la comunidad de los bienes y de las mujeres; esta última suponía, entre otras cosas, una amenaza para la institución del matrimonio consanguíneo, tenazmente defendido por el clero. Un cruel baño de sangre, en el que perdió la vida el propio Mazdak, marcó la derrota del mazdakismo, que a pesar de todo siguió sobreviviendo en la clandestinidad.
Con la llegada del islam y la conversión de muchos iraníes a la fe de los conquistadores, el zoroastrismo paso de ser la religión del estado a ser una religión de minorías. Desde el punto de vista teológico, gracias a sus textos, a la naturaleza monoteísta de Ahura Mazda y a la función profética de Zoroastro, el zoroastrismo, junto con el judaismo y el cristianismo, pudo gozar de la consideración de religión del Libro. Pero, de hecho, sus seguidores fueron escarnecidos como «adoradores del fuego» y perseguidos a menudo como politeístas. Para escapar a estas persecuciones, los farsi se retiraron a las zonas centrales y más apartadas del Irán, donde sobrevivieron hasta la revolución de Jomeini de 1979, cuando, a consecuencia de las nuevas persecuciones, muchos se vieron obligados a buscar refugio entre sus correligionarios indios, los parsi.
Estos últimos habían llegado a Gujarat aproximadamente un milenio antes. En una sociedad rígidamente estratificada en castas como la hindú, mantuvieron una identidad propia, gracias también a los matrimonios endogámicos; de este modo, el zoroastrismo se convirtió en el nuevo contexto en una religión típicamente étnica, transmitida de padres a hijos. La aclimatación se vio favorecida asimismo por la herencia común indoeuropea: de hecho, a pesar de las grandes diferencias doctrinales, los parsi encontraban en el hinduismo rasgos comunes, como el carácter central de la figura del sacerdote. Gracias también a su irreprochable comportamiento basado en la nobleza de su ética, y a sus evidentes aptitudes comerciales, los parsi —que entretanto se habían extendido incluso a la zona de Bombay— entraron a formar parte de la élite local sobre todo durante la dominación inglesa, favorecidos no sólo por los importantes cargos que ocupaban en la administración, sino sobre todo porque podían desarrollar una serie de actividades comerciales consideradas impuras por la clase sacerdotal de los brahmanes.
En Bombay los parsi se dedicaron además a la promoción de actividades filantrópicas y educativas. El final de la dominación colonial inglesa en 1947 coincidió básicamente con el final de este período de prosperidad, al que siguió un aumento de la diáspora. Según una estimación de 1967, el número de fieles zoroastrianos era de 129.000: 82.000 en la India; 5.000 en Pakistán; 500 en Ceylán; 25.000 en Irán y unos 3.000 en el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos.
En general, durante el siglo XX el número de parsi ha disminuido como consecuencia también del aumento de matrimonios mixtos, prohibidos en otra época, puesto que cuando una mujer parsi se casa con un no parsi prácticamente abandona la comunidad. Se trata de un aspecto de un proceso más general que afecta a la fase más reciente del zoroastrismo, caracterizada por una fuerte dialéctica entre impulsos conservadores y renovadores; por otro lado, la discusión acerca del carácter étnico que el parsismo ha acabado adoptando corre el riesgo de poner en crisis su propia existencia.