Catal Hüyük
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En Catal Hüyük, situado en la altiplanicie anatolia, se ha descubierto uno de los mayores asentamientos neolíticos conocidos de Oriente Próximo. Los distintos niveles pueden asignarse a un período comprendido entre el 7100 y el 6300 a.C. Este poblado neolítico estaba situado en la encrucijada de dos ambientes naturales, el prado, para la cría de ganado, y los terrenos de aluvión, irrigados, para el cultivo del trigo. La población estaba constituida por una serie de casas de dos plantas, unidas unas con otras sin solución de continuidad, sin puerta, a las que se accedía por unas escaleras de estacas que bajaban del techo.
La economía se basaba en una agricultura avanzada, en la cría de ganado, en la caza y en el comercio. Los campos se regaban mediante unos simples canales. La abundante producción de alimento permitía el desarrollo de especializaciones y tecnologías muy refinadas, que permitieron la elaboración de los «primeros» productos propiamente manufacturados que hasta ahora conocemos: los primeros espejos, los primeros tejidos, las primeras pinturas sobre paredes enyesadas, etc.
En este poblado que comienza a tener características urbanas, donde se trabajan también los primeros metales, sin duda algunas estancias debían de estar destinadas a cierta función sagrada. Estas estancias se distinguen de las demás por la decoración, por la presencia de estatuas y estatuillas que indudablemente eran objeto de culto; también las sepulturas son más ricas que las de las otras casas.
Parece que cada una de estas habitaciones «de culto» estaba destinada a cubrir las necesidades religiosas de tres o cuatro casas. Es probable que se tratara, más que de una forma de culto doméstico, de una especie de culto «gentilicio», celebrado por grupos de familias que se reconocían unidas entre sí por vínculos de parentesco.
Nada impide conjeturar, e incluso es plausible, que se hubiera practicado un culto a los antepasados. En estas estancias «de culto» se han encontrado numerosas estatuillas femeninas, y un número menor de estatuillas masculinas. Según los arqueólogos, las que están más trabajadas debían de tener una función de culto, mientras que las otras debían de ser exvotos.
Sobre las paredes se han hallado relieves, algunos de dimensiones monumentales, que reproducen figuras femeninas, con los brazos y las piernas elevados, en la posición llamada de la parturienta; una de estas figuras representa a una mujer en el momento de dar a luz una cabeza de carnero. La presencia de bucráneos y de reproducciones de figuras de toros sobre las paredes nos permite entrever un culto a la fertilidad, centrado en la figura de una gran «diosa madre» y de su paredro masculino.
Sin embargo, tal vez es más prudente pensar en el tipo histórico-religioso de la Tierra madre, asociado a una figura masculina, el toro o el macho cabrío, fecundador, que puede remitir a un Ser supremo celestial, típico de las civilizaciones dedicadas a la ganadería.
De este modo, lo masculino y lo femenino, la tierra y el cielo, constituirían, gracias a un proceso de transfiguración simbólica, los polos cosmológicos de orientación entre los que se habrían desarrollado la existencia y los intereses de los habitantes de Catal Hüyük, y al mismo tiempo se evita atribuir a un pueblo neolítico una noción como la de divinidad, cosa que está aún por demostrar y que, por otra parte, parece que no adquiere consistencia hasta el m milenio, en Sumeria.