El panteón celta
![]()
Debido a esta interpretación, los seres sobrehumanos de los celtas fueron identificados inevitablemente con las divinidades del panteón romano. Y desde esta perspectiva César (La guerra de las Galias, VI, 17) refiere que los galos situaban al frente del panteón a Mercurio, «inventor de todas las artes, guía de los caminos y de los viajes», dotado del poder de «favorecer las ganancias y el comercio». Seguían en orden de importancia Apolo, al que se le atribuía la función de «expulsar las enfermedades», Minerva, a la que correspondía el deber de «enseñar los principios (initia) de las obras y de las artes», Júpiter, que tenía el «dominio (imperíum) sobre los dioses celestes» y, por último, Marte, que «dirigía las guerras» y al que ofrecían el botín de guerra y sacrificaban los animales capturados.
El esquema jerárquico proporcionado por César, lamentablemente sin los correspondientes teonimos celtas, plantea por lo menos tres tipos de problemas. En primer lugar, parece un calco del panteón romano, debido probablemente a la influencia ejercida por el modelo grecorromano (interpretatio romana). En segundo lugar, esta estructura Presenta modificaciones respecto al panteón romano, puesto que Júpiter ocupa el cuarto lugar en la jerarquía divina, aunque se mantiene como el dios de la 1º función en cuanto titular de la soberanía. Desde esta perspectiva, todo el esquema trifuncional parece cambiado: la colocación en la cúspide de Mercurio, indudablemente los de la 3º función, la inserción de Minerva, que tal vez es una innovación, aunque por sus connotaciones puede situarse en los límites de la 3º función, y la probable devaluación de Júpiter, poco documentado en las inscripciones. Se plantea, por lo tanto, el problema de si los celtas o solamente los galos reelaboraron la estructura teológica de la ideología tripartita de los indoeuropeos. Esto nos lleva inmediatamente a exponer una tercera cuestión; a saber: si este esquema constituía un núcleo fijo para todos los celtas o solamente para los galos y, finalmente, si es posible defender la existencia de un panteón pancéltico.
Puesto que la interpretación romana no siempre es coherente a la hora de identificar las divinidades galas con las romanas, es mucho más difícil responder a estas cuestiones. Las inscripciones, que parecen confirmar la jerarquía establecida por César, van acompañadas del nombre romano asignado a las divinidades galas junto con un epíteto que hay que interpretar como el teónimo local, y aplican a la vez el mismo epíteto a una u otra figura divina, o bien al mismo nombre divino se le asignan diferentes epítetos, que parecen destinados a designar diversos ámbitos de competencia, como Apolo, que se convierte, en la Galia, en Atepomaros, «el de los muchos caballos», en Grannus, el «caliente», «el que quema», en Virotutis, el «que sana», en Belenus, el «resplandeciente», en Moponos, el «muchacho». Confirman estas incoherencias los primitivos comentaristas4 de algunos versos de la Farsalia de Lucano (I, 444-446), donde aparecen tres divinidades galas, Teutates, Esus y Taranis, quienes primero identifican a Teutates con Mercurio y a Esus con Marte, pero inmediatamente después cambian la interpretación y Teutates se convierte en Marte, mientras que Esus se transforma en Mercurio. Actualmente, en cambio, parece que Teutates (Tutatis) puede interpretarse como «el hombre de la tribu», o «el hombre del norte», mientras que Esus podría ser un simple epíteto, equivalente al latino Optimus, que se aplicaba a Júpiter (capítulo VII, 2); por último, Taranis, mediante la comparación con el galo y el bretón taranu, trueno, es interpretado como una divinidad uránica, equivalente al Júpiter tonante romano.
Es casi imposible identificar al padre Dite de quien, según César (La guerra de las Gallas, VI, 18), los galos afirman que descienden. Aunque de ello derivara el cómputo del tiempo sobre la base del ciclo lunar, como también se hizo en Roma, esto no sería suficiente para identificar a este padre Dite con el Taranis galo, convirtiéndolo en un homólogo de Júpiter. En cambio, partiendo de la hipótesis de un panteón pancéltico, se tiende a una identificación, también controvertida, con el dios Donn, el «oscuro», una figura menor cuya morada está situada a lo largo de las costas irlandesas, en un lugar adonde deben ir a parar todos los muertos.
La incertidumbre que provoca la imperfecta identificación de las divinidades galas con las romanas se refleja también en la iconografía, que generalmente es una adaptación de los modelos grecorromanos. Mercurio, representado según los cánones iconológicos del arte grecorromano, aparece también acompañado de una serpiente con cabeza de carnero o de una diosa desnuda, llamada Rosmerta o Maya, la «que ahorra», «la que provee», o bien se le representa como un viejo barbudo, con ropas galas y con un bastón, según un modelo que recuerda al dios germánico Odín.
Los documentos epigráficos siempre dan, además, la impresión de que los cultos y el propio panteón tenían dimensiones locales. Una diosa Tricoria estaba vinculada sin duda a la tribu de los tricónos y en Irlanda se juraba por los dioses de la tribu. Carácter local y sectorial debían de tener las Madres (Matronae), que, como colectividad de culto, eran la encarnación misma de la función de la maternidad, distribuidas por toda la región gala, Bretaña y la zona limítrofe con los germanos. De hecho, había Matronae de una región, de un territorio, de una tribu o de una familia. De ellas se esperaba una intervención gratuita y espontánea, y tal vez esto explica la gran difusión de su culto, sobre todo coincidiendo con la afirmación del poder romano en la Galia.
No menos problemáticas son la relación e identificación de las divinidades galas con las del mundo insular, atestiguadas sobre todo por documentos medievales. Algún teónimo nos lo proporcionan las inscripciones británicas, en las que aparece una Brigantia, que tal vez haya que relacionar con la irlandesa Brigit, «alta», «noble» y también «autoridad», y Nodonte (Nodons, Nodens), relacionado a su vez con el irlandés Nuadu, el «dispensador». En las islas británicas, se conservan huellas de la tradición precristiana en una colección de relatos, redactada en Inglaterra en torno al siglo XI d.C. y titulada Las cuatro ramas del Mablnoglon, pero no hay nada que nos permita reconstruir un panteón. Los personajes se caracterizan por su excepcionalidad y por rasgos heroicos, por lo que resulta difícil decir si se trata de divinidades «caídas» o de héroes. Muy parecida es la documentación relativa a Irlanda, aunque es más abundante.
Las dos obras, El libro de la conquista de Irlanda y La batalla de Moytura, ambos probablemente del siglo XII, aunque cuentan la historia más antigua de Irlanda, casi con toda seguridad contienen una tradición mítica precristiana. Es probable que una de las figuras de esta epopeya, Dagda, el «dios bueno», encubra una antigua forma divina. Pero en los otros casos la configuración específicamente heroica de los personajes impide esbozar un posible panteón, al menos en sus líneas esenciales y, por tanto, definir un universo divino pancéltico de modo sistemático. En este sentido, solamente el nombre de Lug, uno de los principales protagonistas de La batalla de Moytura, que dirige las tropas de Nuadu en la conquista de Irlanda, parece estar presente en todo el universo celta, desde Irlanda hasta Inglaterra y la Galia. Lug es el que posee «todas las artes», como él mismo afirma para ser admitido en la corte del rey de Tara, y un epíteto suyo era Samildanach, «maestro de todas las artes». Funcionalmente afín y etimológicamente idéntica a Lug es la figura galesa de Lleu, que también lleva el epíteto de Llaw Gyffes, «de hábil mano».
Por último aparece Lugus, una divinidad de la Galia o, para ser más exactos, un ser extrahumano, en el que es probable que se concentrase la pluralidad de funciones asignada a Lug, y tampoco puede excluirse que el Mercurio de los galos «inventor de todas las artes», del que habla César, encubriera esta figura, seguramente la única pancéltica, objeto de culto también como colectividad indeterminada expresada por el plural Lugoues. Finalmente, Lug aparece en el nombre de Lugnasad, una de las cuatro principales fiestas de los celtas de la tradición irlandesa.
La reconstrucción de un panteón celta, formado por divinidades personales y funcionales, sigue siendo problemática. La imagen que se obtiene es más bien la de un universo extrahumano dinámico y fluido, que se orienta hacia una estructura sistemática sin acabar de configurarla. No hay que excluir totalmente la Posibilidad de que Lug fuera un héroe cultural sobre el que el modelo politeísta romano ejerció su influencia. Pero admitiendo que Lug fuera un «héroe cultural» interpretado como divinidad y que Mercurio bien pudiera ser su traducción; que el oscuro Cernunnos, aunque representado con rasgos divinos, en la medida en que aparecía rodeado de animales y él mismo estaba dotado de cuernos tal vez ocultara un antiguo «Señor de los animales»; que la tradición insular estuviera ocultada por una epopeya heroica, en la que por otra parte parecen vislumbrarse posibles figuras divinas, como Nuadu o Dagda, seguiría siendo problemática la interpretación de otros seres.