Introducción
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Los celtas y los germanos eran los pueblos con los que tuvo que enfrentarse Roma en su expansión hacia el centro de Europa. Desde un punto de vista lingüístico, corresponden a dos ramas distintas del indoeuropeo desde el punto de vista de su importancia en la historia europea, son posteriores a la consolidación de Roma, aunque cronológicamente son por lo menos contemporáneos.
No obstante, debido a las características y la morfología cultural de estos pueblos, los propios romanos los consideraban bárbaros y «semiprimitivos», y esto nos lleva a situar su realidad religiosa antes del capítulo dedicado a la antigua Roma. De los otros pueblos procedentes de la rama indoeuropea y dispersos por el territorio europeo, como por ejemplo eslavos y bálticos, no tenemos ninguna documentación sistemática anterior a la expansión del cristianismo.