Aseir y vanos
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Parece que los germanos continentales desconocían la división del mundo divino en aseir (antiguo nórdico áss, plural cesir) y vanos (antiguo nórdico vanr, plural vanir). No se trata de dos grupos homogéneos ni tampoco contrapuestos, aunque gravitan en esferas claramente diferentes.
Con frecuencia su culto se celebraba de forma conjunta, una repetición ritual simbólica de la pacificación conseguida tras la larga guerra mítica, que produjo en ambos grupos daños irreparables. Sin embargo, la paz fue desigual, porque, al intercambio de los rehenes que es una transferencia de un sector al otro, los aseir enviaron a Mímir, un hombre muy sabio, y a Hoenir, el más bello y fascinante, pero también el menos inteligente, que inmediatamente fue elegido jefe de los vanos, mientras que éstos enviaron a sus representantes más importantes, Njórd y sus dos hijos Freyr y Freyia, lo que supuso un enriquecimiento del panteón de los aseir en detrimento de los vanos.
Los aseir, entre los que se sitúan las principales divinidades del panteón, como Odín, Tyr y Thor, representan la esfera sacra y guerrera, son los dioses de los jefes, de los sacerdotes y de los guerreros. Muy diferente es, en cambio, la naturaleza de los vanos, que representan la riqueza (Njórd es «muy rico») y la fecundidad, dispuestos a socorrer a los hombres gracias a sus poderes. Son los que dispensan las riquezas, están vinculados a la tierra, de la que nacen las mieses, y al mar, tutelan la fecundidad y a menudo aparecen marcados con atributos fálicos.