La mitología
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La identificación de estas tres figuras divinas que dominaban el panteón germánico nos conduce a la rica mitología nórdica transmitida por la tradición medieval, que dividía el mundo divino en dos grandes grupos, aseir y vanos.
Odín, Thor y Tyr pertenecen a los dioses aseir, aunque Odín es la divinidad principal, el «padre de todos», como lo definen a menudo los epítetos que lo acompañan. En germano el nombre es Wóthanaz, que Adán de Bremen traducía por el latín furor, «furor». Había renunciado voluntariamente a un ojo a cambio de obtener el saber supremo, el poder mágico, que había conseguido permaneciendo colgado de un árbol durante nueve noches.
Es probable que esta acción de Odín represente el fundamento mítico de una iniciación chamánica. Representado con un amplio sombrero que le oculta el rostro, envuelto en un manto y vinculado al ámbito de la muerte, es el señor del saber oculto, del furor profetice y del furor de los guerreros en la batalla, y tiene bajo su propia tutela la función del jefe, de modo que concentra en sí una multiplicidad de funciones y de atributos.
Junto a Odín se encuentra Tyr, en germano Teiwaz, que posiblemente es el más antiguo de los vanos, el garante del derecho y de la justicia. Cuando los dioses quisieron atar mediante un engaño al lobo Fenrir, porque sabían que en el enfrentamiento final del ragnarók mataría a Odín, Tyr se ofreció como garante poniendo su propia mano en la boca de Fenrir (Edda de Snorri: Gylfaginning, 34).
Y como dios tutelar, Tyr preside la asamblea del pueblo, el thing, de donde procede el epíteto que se le aplica, como a Marte, en dos inscripciones latinas. La identificación con el Marte romano probablemente es consecuencia de una desviación de Tyr hacia la dimensión de la guerra. No obstante, no es el dios que combate, sino el que garantiza el orden en la guerra, las reglas del juego y de la fuerza.
El dios que combate es Thor, el Hércules de Tácito, al que los germanos entonan himnos cuando se dirigen a la batalla (Germania, 3.1). Armado con el martillo Mjóllnir, que tiene el poder de regresar a su mano después de haber sido lanzado, es el dios del trueno y del rayo, además del dios de la guerra. Pero también es la divinidad que protege las actividades rurales debido a su poder sobre los fenómenos atmosféricos.
Frente a estos dioses, los más importantes de los aseir, destacan entre los vanos Njórd, con sus hijos Freyr y Freyia. Njórd no es otro que la diosa Nerthus de Tácito, con la que está relacionado etimológicamente, aunque resulta problemática la diferencia de sexo. Más que una Tierra madre, como la entiende Tácito, Njórd es una divinidad de las extensiones marinas, que protege y favorece la pesca y los viajes por mar.
La tradición nórdica narra su desgraciado matrimonio con la diosa epónima de las tierras escandinavas, Skadi, que prefería los montes. Freyr es una divinidad protectora de la fertilidad y probablemente hay que identificarla con el Fricco que aparece en el templo de Uppsala dotado de un enorme falo, dispensador de paz y placer. Su poder se extiende sobre la lluvia y sobre la fertilidad de los terrenos.
Freyia, por su parte, está estrechamente relacionada con el ámbito de la sexualidad desenfrenada y licenciosa. Su mitología es pobre, y en ella generalmente aparece como objeto del deseo de los gigantes contra los que combaten los dioses. El Edda de Snorri (Gylfaginning, 35) recuerda sus viajes en busca de su marido Ód, durante los que a menudo cambiaba de nombre.
Estas características, desde el vínculo incestuoso con su hermano hasta sus continuos cambios de nombre, pueden inducirnos a identificarla con la Isis venerada, según Tácito (Germania, 9.2), por los suebos, probablemente por analogía con la mitología de la diosa egipcia, que también tenía varios nombres. Freyia tiene su doble en Frigg, la esposa de Odín, y con éste se reparte los muertos en la batalla, cubriendo de este modo también el ámbito de la muerte. Como numen tutelar de la fecundidad, Freyia comparte probablemente con Frigg la titularidad del «día de Venus».