La dieta del Dr. Dukan

 

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Loki, Balar y la catástrofe cósmica

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Un papel muy peculiar es el que desempeña Loki, encarnación pura del mal en sí mismo, al que está dedicada toda una composición del Edda poético, la Locasenna. Aunque frecuenta a los aseir, Loki no es un dios en sentido estricto, como difícilmente lo es su opuesto Baldr, el hijo de Odín, al que Loki mata mediante una estratagema.

Como inteligencia astuta cuyo único objetivo es destruir el orden cósmico, tal vez representa a un antiguo trickster. Pero aunque así fuera, el mundo germánico lo reelaboró en un ser exquisitamente intelectual, que no se expresa a través de la acción bruta y violenta, sino por medio de la inteligencia.

La acción corresponde a sus emisarios, como el lobo Fenrir, o a quienes se dejan enredar en sus tramas, como la propia Frigg. A diferencia de Loki, Baldr es perfecto, «puro», inocente, pero también ingenuo y una fácil presa.

Goza de una invulnerabilidad relativa, porque Frigg, cuando el hijo le reveló sus premoniciones oníricas que le anunciaban la muerte, obtuvo de todos los elementos el juramento de que nunca le harían ningún daño a Baldr, excepto del muérdago, al que no se dirigió porque le parecía inocuo.

De modo que Baldr murió por culpa de una rama de muérdago. Figuras especulares, Loki y Baldr son los protagonistas de un conflicto cósmico en el que está involucrado todo el mundo divino y que se resuelve en una perspectiva escatológica.

La muerte de Baldr abre el paso al ragnarok. Los seres guiados por Loki se enfrentarán con los dioses, matándose recíprocamente. Éste es el «destino de los dioses»; pero tras la muerte de Loki, la tierra resurgirá verdeante del mar y también regresará Baldr, junto con los otros dioses.

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