La dieta del Dr. Dukan

 

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Al igual que las otras formas religiosas del área mediterránea, la griega era una religión étnica y era el producto cultural de un pueblo cuya historia hunde sus raíces en la anterior civilización micénica, denominación convencional tomada de la ciudad de Micenas, que fue excavada en la segunda mitad del siglo XIX por Heinrich Schliemann. Los micénicos eran un pueblo de origen indoeuropeo y hablaban un dialecto griego. Llegaron a Grecia poco antes de la mitad del II milenio a.C, y allí entraron en contacto con la civilización minoica, que desde Creta ejercía su influencia sobre las otras islas del Egeo.

Los minoicos, denominación convencional adoptada por los estudiosos y derivada del mítico rey de Creta, eran a su vez un pueblo de origen oscuro, que probablemente había desembarcado en la isla procedente de Oriente Próximo y cuya lengua no conocemos aún, aunque utilizaron una escritura silábica. A comienzos del II milenio desarrollaron una espléndida civilización, basada principalmente en la actividad comercial, de la que dan testimonio grandiosos palacios, como los de Cnosos, Festo, Malia y Hagia Tríada. Las divinidades, cuyo nombre no conocemos, eran predominantemente femeninas y eran honradas con sacrificios en las cimas de las montañas y en algunas cuevas.

El hallazgo de algunos huesos humanos hace sospechar que en ocasiones excepcionales se practicaba el sacrificio humano. Los griegos micénicos, al entrar en contacto con el mundo cretense, al que posteriormente sustituyeron, adoptaron su escritura y muchos rasgos culturales, aunque conservaron su propia especificidad en la organización del panteón, que ya presenta profundas analogías con el sistema politeísta de Hornero y Hesíodo. El desciframiento de la escritura micénica ha permitido reconocer la presencia de divinidades como Zeus, Poseidón, Hera, Kermes, Ares y Dioniso, tal vez incluso Perséfone, que aparecerán todas ellas en la posterior religión griega.

Los micénicos, que aparecen sólidamente asentados en Creta en el siglo XIV a.C., conservaron los motivos decorativos del arte cretense, pero no adoptaron su estructura de palacio abierto. Si bien parece que los asentamientos minoicos no conocían el uso de murallas, los micénicos, en cambio, rodearon sus palacios con fortificaciones ciclópeas. El palacio micénico, de simple estructura rectangular, formada por una larga estancia rodeada de paredes, también se distingue del cretense, que, por el contrario, crece por una especie de impulso centrífugo en torno a un gran patio, en el que se celebraban las ceremonias públicas.

Entre los siglos XIV y XIII a.C., la civilización micénica fue destruida, tal vez por un misterioso pueblo que atacó la ciudad por mar. Aunque las causas de esta destrucción siguen siendo oscuras, lo cierto es que los grandes palacios ya no fueron reconstruidos, ni en Creta ni en el continente. Solamente en Chipre la civilización micénica sobrevivió al menos hasta el siglo IX. Los que habían huido probablemente crearon pequeñas comunidades, que conservaron en su tradición el recuerdo del antiguo esplendor de los reinos micénicos.

Se inicia así la llamada Edad Media helénica, período oscuro y confuso, documentado solamente por escasos hallazgos arqueológicos, durante el cual comienzan a germinar los rasgos que serán característicos de la nueva religión griega. De este crisol de fermentos, en el que se incluyen también importantes aportaciones de las otras civilizaciones del Mediterráneo, nace la religión griega, indisolublemente ligada al territorio y a la propia civilización de Grecia, organizada en sus múltiples ciudades, que poseían su propio sistema de cultos y su propio calendario, aunque el panteón era común.

Religión sin dogmas y sin libros, sin fundadores y sin castas sacerdotales, aparece en su forma definitiva entre los siglos IX y VIII a.C. Sin embargo, la ausencia de dogmas y de una teología oficial favorece una remodelación y reelaboración continuas del patrimonio tradicional, sobre todo mitológico.

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