La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

El panteón iranio

linea

En un tratado de paz, firmado a principios del siglo XIV a.C. entre el rey hurrita Sattiwaza de Mitanni, un pueblo de composición étnica diversa, formado por los hurritas, de origen incierto, y por tribus indoarias, y el rey hitita Suppiluliuma, aparecen como garantes los dioses Mitra y Varuna, Indra y los gemelos Nasatya, divinidades específicas del panteón indio. Pero ante la imposibilidad de establecer la posible existencia de un conjunto de divinidades indoiranias aún no diferenciadas, éstas confirman la presencia de una realidad religiosa reductible al sistema indoiranio, anterior a la reforma zoroástrica.

La presencia de Mitra —Mithra en iranio— en el tratado entre Mitanni e hititas está legitimada por su papel de divinidad garante de la justicia; de hecho, su nombre significa «pacto, contrato». De ahí que como dios de la justicia y de la luz, defensor de la verdad (asa; pan. 2), Mithra vaya asociado en Irán con Ahura, el Señor, que más tarde, con el zoroastrismo, se convertirá en Abura Mazda. Vayu, por su parte, es una divinidad guerrera, intermedia, que gobierna la vía que debe seguir el difunto para pasar de este mundo al otro. Junto a Vayu, colabora en la función guerrera Verethraghna —Wahram en pahlaví y Bahram en persa—, que es el victorioso «que derriba el obstáculo».

En cambio, la diosa Aredví Süra Anáhita, que significa literalmente «la líquida, la fuerte, la sin mancha», parece ser el resultado de una fusión entre una divinidad de origen mesopotámico y semítico y una divinidad indoirania. Con una doble naturaleza de divinidad y de objeto sacrificial se presenta el  haoma, que se personifica en Haoma. Asimismo, Khvarenah, cuyo significado probable es «esplendor, gloria», parece configurarse como una hipósta-sis de una fuerza benéfica, de naturaleza ígnea, que posteriormente se convierte en un epíteto de la realeza, y que debía de interpretarse como «emanación del sol». Khvarenah es el centro de una tradición mítica cosmogónica en la que también participa Yima, que pone orden y dimensiones al mundo.

El panteón iranio, en la medida en que es posible reconstruirlo, aparece pues articulado y ya funcional, aunque probablemente no es reductible a una sociedad estratificada. El carácter naturalista que parecen expresar las figuras divinas, como, por ejemplo, el propio Abura Mazda, divinidad celeste, Aredví Süra Anáhita, relacionada con las aguas, el sol Hvar, la luna Máh, el fuego Atar, los vientos Vayu y la tierra Ármaiti, más bien nos orienta hacia un politeísmo en proceso de ordenación.

Este aspecto nos lo confirma Heródoto (I, 131.2-3), quien, al describir la religión de los persas, afirma que llaman Zeus a la bóveda celeste y que hacen sacrificios a la luna, a la tierra, al fuego, al agua y a los vientos. Heródoto describe indudablemente un conjunto naturalista, aunque confunde a Mithra con Anáhita, cuyo culto, según el historiador griego, habían aprendido los persas de los asirios, y que él interpreta como Afrodita Urania. Pero el posible arcaísmo de esta descripción puede que proceda también de la interpretación a la que el autor griego sometió el panteón persa, del mismo modo que lo hará César con los germanos.

Igualmente, la afirmación de que los persas, a diferencia de los griegos, no utilizaban imágenes para el culto (Heródoto, I, 131.1), porque no atribuían a los dioses figura humana, también puede ser el resultado de un prejuicio muy extendido en la literatura etnográfica antigua, según el cual los bárbaros desconocían las imágenes de culto.

Volver al índice de Historia de las Religiones