La dieta del Dr. Dukan

 

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El sustrato indoiranio

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La reconstrucción del sustrato común de indios e iranios es una etapa indispensable para dibujar y completar el panorama de la ideología tripartita de los indoeuropeos. La importancia simbólica y ritual del fuego en ambos contextos, personificado como Atar en Irán y como Agni (lat. ignis) en la India, se asocia con la clasificación paralela de los fuegos rituales, tres en Irán (Farróbay, reservado a los sacerdotes; Gusnasp, a los guerreros; Burzenmihr, a los agricultores y ganaderos) y tres en la India (para los dioses, ahavaniya\ que aleja los demonios, anvaharya\ doméstico, garhapatya), que parecen expresar simbólicamente la tripartición indoeuropea.

Junto a éstos se encuentran los cinco fuegos naturales iranios, a los que corresponden otros tantos fuegos naturales indios. En el mismo plano simbólico del fuego actuaban el jugo del haoma en Irán y el soma en la India. También en el panteón se encuentran profundas analogías, a partir de la clasificación del mundo divino en asura y deva (India) y en ahura, «señor», y daeva (Irán).

La devaluación de los daeva, transformados en demonios, fue tal vez el resultado de la condena del politeísmo por parte de Zaratustra. En la India también está atestiguado un conflicto entre asura y deva, pero en ese caso vencen estos últimos. La conflictividad entre ahura y daéva y entre asura y deva puede equipararse a la guerra mítica entre -» aseir y vanos de la mitología germánica, y también al enfrentamiento entre romanos y sabinos. Además, las mismas divinidades que integran el panteón iranio son equiparables a figuras análogas del universo divino indio. Es bastante probable que la pareja india formada por Mitra y Varuna quede subsumida en la figura del iranio Ahura, al que se le asocia posteriormente el epíteto de Mazda, pero el propio Ahura es invocado en el Avesta junto con Mithra. Ahura y Mithra expresan conjuntamente la 1.a función indoeuropea, aunque con el tiempo Mithra extendió su tutela a la función guerrera.

La 2.a función parece cubierta por Vayu, el dios de los vientos, protector, que ocupa una posición intermedia, a medio camino entre el cielo y la tierra, entre este mundo y el otro. En la India es el primer destinatario del soma y está asociado a Indra, que es su cochero; sin embargo, Vayu se convertirá más tarde en el mensajero de Indra. Este último es sustituido en Irán por el epíteto que lo designa en la India (capítulo XV, 2), vere-thraghna, pero ya no es el vrtrahan indio, el que mata a Vrtra, el monstruo que pone obstáculos, sino el victorioso «que derriba el obstáculo».

Para la 3.a función Irán tiene a nánhaithya, homólogo perfecto del teónimo indio Nasatya, una pareja de gemelos conocida también como Asvin. Sin embargo, es probable que esta función en cierto momento de la historia de Irán fuera dirigida por una pareja de Santos Inmortales (Amesa Spentd), ameretát-, haurunatát-. El sustrato común indoiranio se trasluce también en la figura de Yima, hijo de Vivanhvant, que en la India corresponde a Yama, hijo de Vivasvant, y que tiene por compañera a la gemela Yamí. Yima es el primer mortal y reina sobre los muertos, pero también es el que define los tres estratos de la sociedad irania: la realeza, los guerreros y los agricultores-sanadores.

Irán e India debieron de tomar de un sustrato común sus respectivas concepciones de asa y de rta. Etimológicamente afines, asa y ría expresan la estructura justa y ordenada, aunque el rta llega a designar el orden mismo del devenir, cósmico, humano y ritual, orden natural pues, basado en la regularidad y en la legalidad, justo y, por tanto, verdadero. Los depositarios eran los rtavan en la India y los asavan o artavan en Irán, aunque es problemático definir su estatuto. Pero, teniendo en cuenta la estructura de una sociedad fragmentada como la irania, estos depositarios de lo justo y del orden probablemente deberían reducirse a la tipología del chamán.

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