Bacanales
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Las Bacanales constituyen un precedente significativo de la postura de Roma frente a los cultos extranjeros. El hecho corresponde a la época republicana, pero revela una forma de relacionarse con lo «otro», con lo «diferente», típico de la posterior cultura occidental, caracterizada por un notable etnocentrismo.
Al igual que otros cultos, también el de Dioniso, tal vez el más extendido durante el período helenístico, evoluciona claramente hacia lo mistérico y adopta una organización característica de la época helenística, la asociación religiosa esotérica, para cuyo acceso era indispensable un rito de admisión, la iniciación.
Tolomeo IV era un ferviente seguidor; sin embargo, durante su reinado (221-203 a.C.) promulgó un edicto, conservado en un papiro, con el que pretendía reglamentar el culto del dios, unificar los rituales y la doctrina, fragmentados en las diversas asociaciones privadas, y, sobre todo, someterlo al control oficial del estado.
Lo que preocupaba en Roma era el aspecto oscuro del culto, con su posible tendencia disgregadora, y esta preocupación aparece claramente en la «cuestión» de las Bacanales, condenadas el año 186 a.C. por un senadoconsulto. Los gobernantes temían que la prava religio de Baco, que producía un afeminamiento en los hombres, diera lugar a un «segundo pueblo» en el seno de la ciudad y que de ello surgiera un impulso subversivo.