La dieta del Dr. Dukan

 

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Organización del espacio, sacerdocio y culto

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Cuzco, la capital del reino inca, estaba dividida en cuatro sectores que se proyectaban en la organización del estado, repartido a su vez en cuatro cuadrantes. El estado se configuraba así como proyección cosmológica de la capital, que asumía la función de centro del mundo. De ahí que la perspectiva teológica, cuya finalidad era legitimar el poder estatal, hallara un paralelismo en el diseño cosmológico, que justificaba la organización del estado. De la definición de los espacios nacía el principio que determinaba el sistema estatal y social.

Los cuatro cuadrantes del imperio y los cuatro distritos de Cuzco, subdivididos a su vez en complejos subsistemas numerales de tipo binario, ternario y decimal, eran los ejes cósmicos sobre los que se apoyaba el orden del mundo. Esta organización del espacio, que tenía su fundamento cosmológico en los cuatro períodos anteriores a la era inca, también era consecuencia de la necesidad de controlar los recursos de agua y los sistemas de irrigación, sin los que la economía andina no podría sostenerse.

El mundo así configurado temporal y espacialmente estaba controlado por el soberano, descendiente de Inti, llamado sapa inca, inca supremo, a través de sus funcionarios y de sus sacerdotes. En este complejo sistema jerárquico los sacerdotes tenían un papel decisivo, aunque dependían del soberano, puesto que tanto el sumo sacerdote, villacomo, como los sacerdotes de los templos más importantes pertenecían a la familia real. Cada provincia, cada ciudad y cada pueblo disponían de personal propio que se dedicaba al culto de las principales divinidades.

Entre las obligaciones de los numerosos sacerdotes se incluían la celebración regular del culto, la adivinación, a través también de la estispicina, la plegaria, el sacrificio y la confesión de posibles trasgresiones a los códigos de comportamiento civiles y rituales (hocha). Algunos sacerdotes, en los que pueden reconocerse los rasgos típicos del chamanismo, también se encargaban de la curación de las enfermedades, practicada generalmente mediante la succión del objeto que se consideraba el causante de la patología.

Los conquistadores españoles mostraron gran curiosidad por una institución sacerdotal femenina, propia de los incas, denominada accla cuna, las «mujeres elegidas». Elegidas entre las doncellas más hermosas de la nobleza provincial, estas mujeres eran recluidas en algunos centros de la capital, llamados accla huasi, «casa de las mujeres elegidas», donde aprendían a hilar, a tejer y a preparar la chicha, una cerveza a base de maíz fermentado, utilizada en las libaciones y consumida en las fiestas. Al término de este período de aprendizaje, algunas mujeres eran conducidas a la capital y elegidas por el soberano como sus concubinas o entregadas a los dignatarios de la corte. Otras, que recibían el título de mama cona, «madres», las Vírgenes del Sol de los españoles, se convertían en sacerdotisas y consagraban la vida al servicio de los dioses. Otras, finalmente, eran destinadas al sacrificio.

Aunque probablemente sin la frecuencia ni las dimensiones que alcanzó en México central, también entre los incas se practicaba el sacrificio humano, sobre todo de jóvenes vírgenes, con ocasión de la investidura de un nuevo sapa inca o en el caso de una grave enfermedad del soberano, o de niños, en el caso de graves calamidades. Las doncellas, sacrificadas por estrangulamiento, eran momificadas y enterradas con todos los honores. El monarca recibía un culto funerario especial, que consistía en momificar su cuerpo y colocarlo en el templo del Sol, donde seguía participando en las ceremonias de culto y en los sacrificios. Además del sacrificio humano, tenía mucha importancia el sacrificio animal, en el que la llama era el objeto sacrificial por excelencia.

Toda la vida religiosa del imperio, controlada por el clero, se medía por un sistema de fiestas regulado por un calendario basado en el ciclo lunar y en los ritmos agrarios. Este sistema de calendario, del que ignoramos cómo concillaba el ciclo de las fases de la luna con el ciclo solar, incluía la celebración de doce fiestas anuales. Entre ellas, lafiesta del Año Nuevo, coincidente con el solsticio de invierno, en junio en el hemisferio austral, era inti raymi, la fiesta del Sol, en cuyo transcurso se procedía a la renovación del fuego sagrado.

En el solsticio de verano, en diciembre, por tanto aproximadamente a mediados del año, se celebraba en cambio la fiesta de cápac raymi, durante la cual se iniciaban los jóvenes de las familias aristocráticas y cuyo titular era Huanacauri, uno de los hermanos de Manco Cápac. En el mes de septiembre se celebraba la fiesta de las purificaciones, sitowa, en la que simbólicamente participaba todo el imperio a través de su representación axial.

Con la aparición de la luna nueva, tras haber realizado complejas purificaciones rituales, se proclamaba la expulsión de los males de la ciudad con un grito repetido por cuatrocientos guerreros divididos en cuatro grupos de cien, que, completamente armados, se lanzaban a la carrera por las cuatro calles, que correspondían a los puntos cardinales y que conducían a los «cuatro cuadrantes» del imperio.

El imperio, de esta forma consolidado, aparecía como una totalidad orgánica, en la que quedaba disuelta la existencia individual y cuya estabilidad y continuidad estaban garantizadas por la ofrenda a los dioses y por el tributo de sangre, mediante el que se obtenía la benevolencia divina.

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