Lares, penates y manes - Numen
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Junto a estos dioses personales, la religión romana contaba con colectivos de seres extrahumanos, como los lares, los penates y los manes. Estos últimos, reconocidos ya como «dioses» desde el siglo v a.C. e invocados siempre y solamente en plural, constituían un colectivo de culto con el que se identificaba el espíritu de los difuntos, una especie de divinidad de la condición de muerte. En los últimos tiempos de la república, estas divinidades sufren un cambio y se convierten en una especie de doble del difunto, al que acaban sustituyendo.
También los lares eran invocados generalmente en plural, mientras que con el singular se designaba exclusivamente al Larfamiliaris, el lar que debía tutelar a toda la familia, entendida como un conjunto de hombres libres y de siervos, y también como espacio físico definido territorialmente. El carácter territorial de los lares, que como praestites protegían el suelo de Roma, aparecía sobre todo en el campo, donde en calidad de agri custodes, protectores de los campos cultivados, recibían un sacrificio purificador por parte de cada propietario en los compita, las encrucijadas donde se instalaban pequeñas construcciones que marcaban los límites entre las distintas propiedades y marcaban también el límite frente a la «naturaleza salvaje».
Los lares eran honrados en los Compitalia, una fiesta móvil (cf. p. 94, n. 2) que se celebraba generalmente a principios de enero y que no se fijó en el 4 de enero hasta época tardía; una fiesta de renovación parecida a la Gran Fiesta o Año Nuevo. Otra fiesta también relacionada con los lares eran los Larentalia, que era la última del año y se celebraba el 23 de diciembre. En esta fecha el flamen de Quirino, en presencia de los pontífices, ofrecía un sacrificio a Acca Larencia en el Velabro, a los pies del Aventino. Acca Larencia expresa ideal y conceptualmente la unidad territorial de Roma, frente a la segmentación y fragmentación que implícitamente representan los lares.
A diferencia de los lares, que nunca se mencionan como dioses, los penates y los manes son dioses, Di Penates (Cicerón, La naturaleza de los dioses, II, 68). Son los dioses soberanos del corazón de la casa, del centro teórico e ideológico de la existencia de los romanos, que se identificaba espacialmente con el hogar. Se encargaban de la tutela de los grupos familiares, más que del territorio que ocupaban, regido por los lares, y estaban incluidos en la herencia del pater familias', su posesión garantizaba la descendencia y el estatus social. En este sentido, los penates publici, o penates del pueblo romano, los antiguos dioses troyanos llevados por Eneas a Italia, cuya sede se hallaba en la parte más recóndita del templo de Vesta, el penus Vestae, garantizaban la legitimidad de la descendencia romana de Eneas. Su función legitimadora revela su carácter jurídico-social, y por ellos, además de por Júpiter, juraban los magistrados romanos en el momento de asumir su cargo, después de haber ofrecido un sacrificio a los penates de su propia familia y a los públicos.
Numen
Este sistema divino articulado era para los romanos también un conjunto de voluntades, sintetizado en la noción de numen que, al menos hasta la época de Cicerón, siempre es personal, es decir, es el numen de un divinidad perfectamente definida. Derivado del verbo nuo, hacer un gesto con la cabeza, se utiliza para designar la voluntad expresada por una divinidad o por una realidad institucional o social, de ahí que junto al numen de Júpiter o de Juno encontramos, por ejemplo, el del senado o del pueblo de Roma.
En plural, numina, designa genérica y colectivamente a los dioses, pero siempre como expresión de voluntad; sólo a partir de la época de Augusto, y por obra de los poetas, numen se convierte en sinónimo de «dios» y de «divinidad», incluyendo y designando además progresivamente el poder oscuro de un dios o incluso del mundo divino o, en términos más genéricos, extrahumano.
Como expresión de la voluntad de una divinidad determinada, numen se incluía necesariamente en los indigitamenta, listas de los dioses invocados según sus funciones, generalmente subordinados a una divinidad mayor y que debían expresar la especialización de las esferas de competencia y de los numina, de las voluntades, sobre las que el dios ejercía su tutela.