Desprendimiento
Os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos (Mateo 19, 23).
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Hijos míos, ¡qué difícil es que quienes confían en las riquezas entren en el Reino de Dios! Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios (Marcos 10, 23-25).
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Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios (Lucas 6, 20).
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¡Ay de vosotros, los ricos, porque habéis recibido ya vuestro consuelo! (Lucas 6, 24).
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No atesoréis en la Tierra, donde la polilla y el orín corroen y donde los ladrones socavan y roban. Atesorad más bien para el Cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, ni los ladrones socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mateo 6, 19-21).
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se adherirá a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero (Mateo 6, 24).
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No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué le vestiréis. ¿No vale la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Mateo 6, 25).
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Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6, 26).
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Del vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pues Yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? (Mateo 6, 28-30).
No os acongojéis diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿qué beberemos? o ¿con qué nos vestiremos? Pues por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todas ellas (Mateo 6, 31-32).
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