Cielo
Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí (Juan 18, 36).
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No temáis, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros el Reino (Lucas 12, 32).
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En casa de mi Padre hay muchas moradas (Juan 14, 2).
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Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo (Juan 15, 11).
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Siervo bueno y fiel, has sido fiel en lo poco y te constituiré sobre lo mucho: entra en el gozo de tu Señor (Mateo 25, 21).
En verdad, en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lucas 23, 43).
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Es semejante el Reino de los Cielos a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. Los siervos del amo acudieron a decirle: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Como es que tiene cizaña? Él les dijo: Algún enemigo lo hizo.
Le respondieron los siervos: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Pero él respondió: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis junto con ella el trigo. Dejad que crezcan ambas hasta la siega y al tiempo de la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero.
(Mateo 13, 24-30).
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El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. El enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles.
Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el Horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga
(Mateo 13, 37-43).
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