La dieta del Dr. Dukan

 

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El duelo

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El árabe conoce el término hidad o «duelo» pero no consta en el Corán. Tiene sus ritos y tradiciones en el Islam. No es tiempo de tristeza porque, como hemos dicho, la muerte no es ni un mal, ni un castigo, ni una aniquilación. Es un paso, un tránsito, un hecho absolutamente natural, el destino de todo ser.
La actitud de la viuda
Cuando un varón muere, su familia y sus allegados empiezan a prepararse para reorganizar su vida después de su partida. En el Corán, la viuda es la primera persona afectada. Dos versículos esenciales hablan de ella:
«Algunos de vosotros mueren dejando esposas; éstas han de observar una espera de cuatro meses y diez días. Pasado este tiempo, no se os imputará la manera como ellas dispongan de sí, según lo establecido» (Corán 2, 234). «Quienes de vosotros son llamados a Nosotros y dejan esposas hagan testamento a su favor y aseguren así su sustento durante un año. No serán expulsadas de sus casas, pero si se fuesen ellas, a vosotros no se os imputará el modo como ellas han dispuesto de sí mismas, según lo establecido» (Corán 2, 241).
Los intérpretes del Corán dicen que, al principio, la viuda debía -según un testamento redactado por el marido antes de morir- quedarse en la casa un año entero y no salir de ella. Durante ese año, podía gastar el dinero del marido. Es lo que dice el versículo segundo. Pero muchos intérpretes afirman que éste último queda derogado por el primero, al exigir una espera de únicamente cuatro meses y diez días antes de volverse a casar. Más aún, ella tiene derecho a una parte de herencia que le permita vivir dignamente, como en vida de su marido. Hay que saber también que, durante ese período, tiene derecho a engalanarse, a salir y a contactar con personas con vistas a casarse.
Volvamos al término «hidad». Se encuentra en unos hadiz del profeta. Y dice: «Una mujer que cree en Dios y en el día del Juicio final no tiene el derecho de celebrar el duelo de un muerto más que tres días solamente. Por lo que respecta a su marido, ella tiene derecho a celebrar su duelo durante cuatro meses y diez días» (según Bujari 1281).
La visita al muerto en el cementerio
La familia y los allegados del muerto tienen el derecho de llorarlo y de manifestar su tristeza pero no de gritar, ni de desgarrar sus vestidos, ni de hablar mal del difunto, sino de rememorar más bien sus buenas cualidades.
Hay toda una literatura basada en las palabras del profeta que aconsejan la visita al muerto, sobre todo de parte de sus familiares, durante las fiestas religiosas y una vez por semana, el jueves o el viernes antes de la caída del sol. Entre los egipcios, musulmanes y coptos, la visita a los muertos se hace preferentemente, más bien, durante las fiestas. Los familiares van al cementerio temprano y allí se pasan unas horas dialogando y recitando versículos sagrados, evocando de esta manera a vivos y muertos.
La cultura musulmana no les impone a la viuda y a la familia ningún color determinado que ponerse. Por eso nos encontramos con tradiciones diversas según los países. En Egipto, se lleva el negro; en Marruecos, el blanco. Los hombres no tienen que llevar un color preciso. Sin embargo, se constata que una tradición reciente, de influjo sin duda occidental, tiende a que lleven al menos una corbata negra.
Los egipcios, sean musulmanes o coptos, tienen una tradición característica relativa a la muerte. Celebran la cuarentena de la muerte de sus familiares. Con este motivo, las familias del difunto reciben a los amigos y conocidos que van a presentarles sus condolencias. Se recitan muchas veces versículos sagrados del Corán o la Biblia. Es una ocasión en que se rememora el día de la muerte. Algunos hacen remontar esta tradición a los tiempos de los faraones, dado que la momificación llevaba cuarenta días de preparación antes del entierro.
Las tumbas y mausoleos son de extrema importancia. Así, los santos tienen su papel en la vida de los musulmanes, sobre todo entre la gente del pueblo. En las campiñas de los países musulmanes, y en los barrios populares de las grandes ciudades también, se da todo un folclore, relatos y cantos que invocan a los santos. Algunas corrientes puristas como el wahabismo prohiben este género de prácticas.
En muchas sociedades rurales, una tradición cuyo origen, a nuestro juicio, se remonta al Antiguo Testamento, al libro de Rut, ordena que, después de la muerte de un hombre, su mujer se case con su hermano a fin de que, por encima de todo, se haga cargo de los hijos. En Egipto, esa tradición se sigue practicando muy raramente pero por un motivo aún más comprensible, cual es conservar la herencia en el seno de la familia. Sin embargo, con el tiempo y el cambio socioeconómico, se observa un debilitamiento de esa tradición.